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Sábado , 15.12.2018 / 03:22 Hoy

Crónicas urbanas

El apocalipsis de un joven pintor

Humberto Ríos Navarrete

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Es oriundo de Milpa Alta, una de las delegaciones rurales de Ciudad de México, pero el joven pintor reniega del paisajismo como una forma de plasmar su entorno; sí refleja, en cambio, su preocupación por la ecología, y prefiere la influencia de Marcel Duchamp, el artista francés que rompió con los convencionalismos de su época.

Irvin Labarrios reside muy lejos de la capital francesa y distante del centro de Ciudad de México; por eso prefiere galerías alternativas, aunque escasean para exponer obras vanguardistas, como lo hizo Duchamp. Su aspiración es que los escaparates estén en circuitos del sur de la capital, y critica el arte centralizado.

Como la mayoría de las historias personales, la de Irvin no escapa a las surgidas en el seno familiar desde el momento en que los padres conocen las inquietudes de su prole. Él, por ejemplo, está convencido de que ningún padre quiere que su hijo sea pintor.

Dice que los suyos insistían en que estudiara arquitectura, o para médico o abogado, pero esas profesiones no estaban en su mira. Entonces tomó la decisión de salirse del Centro de Estudios de Ciencia y Tecnología número 15, donde la especialidad es Ciencias Biológicas, pues pensó: “Esto no amarra conmigo”.

Y un día, sin avisar en su casa, presentó exámenes de admisión en la Escuela Nacional de Artes Plásticas La Esmeralda, donde al final fue de los pocos que logró saltar los obstáculos y quedar inscrito.

—Decidiste hacer examen.

—Sí, hace tres años, y tuve la suerte de entrar en el primer intento. Cuando yo ingreso, la pintura estaba dirigida a las artes plásticas de México; ahora ya se mueven más en el performance, instalaciones; y continué pintando en casa, mientras seguía desarrollando otras técnicas en la escuela.

—¿Y quién es Irvin Labarrios?

—Soy comerciante del pueblo de San Antonio Tecomit, pertenezco a Milpa Alta de todas las generaciones, o sea, desde que éramos chichimecas milpaltense; soy estudiante, pinto, pinto desde hace cuatro años y trabajo desde los nueve. Me nació la inquietud. Yo dije: “Creo que lo mío es pintar”. Porque no ha habido otra cosa que me llame más la atención que dibujar, pintar, representar cosas.

***

Irvin Labarrios, de 23 años, ha logrado presentar algunas exposiciones, como la del pasado 20 de abril en el Faro de Milpa Alta, donde otro artista, Jaime Cabrera Liévano, escribió que su propuesta tiene que ver con el azar.

Añade Cabrera:

“Irvin, como estudiante de arte en La Esmeralda, trasciende las ideas de la academia y de los falsos creadores usando elementos reales sin distorsión para decirle al mundo todo lo que ve en esta ventana a la realidad donde pasan volando los pájaros de colores.

Y glosa:

“Técnicamente aglutina los elementos necesarios para hacer una obra universal, que seguramente gustará y creará adeptos al realismo mágico. En su obra está presente la estética, la metafísica y la historia. Ha seleccionado bellas imágenes, plasmadas con muy buena técnica, guardando la magia en la composición con elementos entendibles en nuestra época y cultura”.

El 30 de mayo, José Manuel Springer, curador de la muestra Mi primera vez con tu mamá, en la galería TUM, describió:

“La obra de Irvin Labarrios posee un sentimiento de melancolía y un tratamiento irónico, basado en la paradoja que significa acabar con el medio ambiente, con la belleza de la Naturaleza, expresada en la diversidad de las criaturas que habitan el mundo.

“Las pinturas y objetos dejan ver ese proceso apocalíptico aparentemente irrefrenable, en el que se lamenta con hoja de oro lo siniestro, lo aberrante que resulta acabar con el hábitat de otras especies y con la diversidad ecológica: los mares, los desiertos, la tundra y los bosques”.

Springer redondea:

“Irvin Labarrios es un artista que se crió y creció en Milpa Alta, que junto a Xochimilco son las zonas de la Ciudad de México que cuentan con los últimos reductos de producción agrícola, bosques y mantos acuíferos que sostienen a una población en constante crecimiento. Su ocupación y aprecio por el medio ambiente es la base de su narrativa artística.

El trabajo que realiza con la comunidad de Milpa Alta es ejemplo de que el artista no es solo un bohemio de la cultura, sino un actor que consolida y transmite las experiencias de su comunidad local y la emergencia global que hoy se cierne sobre el mundo”.

***

En el taller del artista plástico Jaime Cabrera, una de sus principales influencias, Irvin Labarrios dice que durante la infancia y adolescencia comenzó a pintar retratos. Lo hacía aquí, donde vive, su pueblo, San Antonio Tecomit, al que se llega después de una larga travesía que inicia en el centro de Ciudad de México.

Está en el primer piso de La República de Cronopios —como bautizaron el estudio del pintor Cabrera—, donde Labarrios relata parte de su vida.

Desde niño empezó a dibujar. Lo hacía “en la casa y en la calle, en los parques: retratos, objetos, paisajes, todo lo que se me viniera en la mente, para soltar la mano, o sea, todo lo que se te pone enfrente lo empiezas a representar o tratar de representar”.

Otros de sus profesores que han influido son Ulises Ponce de León y Kim Young Sun, quienes “me enseñaron a meterme más en la pintura y entenderla poco a poco”.

Y sintetiza su estilo:

—Me gusta representar animales y algunos momentos apocalípticos, postapocalípticos, sin desaparecer al ser humano. El ser humano se vuelve ahora alguien explorador que llega a un nuevo lugar donde ni siquiera está siendo afectado, pero sí hay una esencia de él; y los animales, ahora, toman una postura humana, o sea, tienen acciones humanas en lo que estoy tratando de representar.

—¿Por qué?

—Hace tres años empecé a hacer esto de manera inconsciente, era más compositivo el asunto; después, cuando te pones a razonar frente a tu propia pieza, te preguntas por qué haces estas cosas. El que me ayuda en esto, en desarrollar lo que hago, es José Manuel Springer, curador de arte, que cuando ve mi pintura, dice: “Esto es apocalíptico, es a favor de la Naturaleza”. Me ha comentado que la pintura habla por sí sola, que ni siquiera debería haber un intermediario.

—¿Por qué el Apocalipsis?

—Porque es lo que estamos generando: una destrucción. Hasta el momento no hemos tenido una vuelta atrás. Vamos avanzando hacia eso.

—¿Y los animales en tu obra?

—Los animales van a tener todavía la oportunidad de seguir desarrollando una nueva sociedad. Incluso hay animales que pueden convivir sin ningún problema. O sea, ya no tienen ninguna preocupación y están en una armonía constante.

—Experimentas mucho.

—Sí, intervengo telas para experimentar, también madera, de todo, objetos, algunas son efímeras, como el nopal. Tengo muchos experimentos, aunque la mayor parte de mi trabajo es pintura al óleo, por la representación y la facilidad del realismo. Ahorita estoy con la pintura en muro y la representación de grafiti legal en las pinturas que realicé en los últimos meses.

—¿Y sigues en busca de algo?

—Sigo en la búsqueda y espero que dure muchísimo, pues como ser humano lo mejor que tenemos es esta curiosidad como el gato. ¿Qué va a pasar cuando se acabe la curiosidad, cuando lo sepas todo, cuando conozcas todo? Entonces ahí se puede terminar incluso la Civilización. Lo que nos ayuda a avanzar es la curiosidad, seguir investigando, preguntándose, y es lo que nos ayuda.

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