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Crónicas urbanas

Dos policías, 64 mil dólares y drogas

Humberto Ríos Navarrete

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Es fin de mes. Día de pago. Es cuando aumentan los robos. Dos jefes de la policía preventiva cruzan la Zona Rosa. Son los mismos que cinco días antes, 25 de octubre, a las 15:39, atraparon a dos delincuentes, después de que despojaran de 64 mil dólares a una mujer.

Uno de los oficiales puso fuera de combate a uno de los sospechosos, luego de que éste, desde el asiento trasero de una moto marca Tucati, le disparara con un revólver Magnum .357. Entonces, el de uniforme, de eficaz tino, respondería con su pistola Glock 380.

Es mediodía.

Los dos jefes caminan sobre la calle de Liverpool. Acaban de salir del edificio de la Secretaría de Seguridad Pública. Es evidente la movilización policiaca en Ciudad de México, donde el robo a cuentahabientes es uno de los principales delitos.

Emmanuel Salazar Guzmán, jefe del sector Ángel, es acompañado del suboficial Eduardo Luna Rodríguez, director del sector Revolución. Tienen bajo su mando a policías que vigilan parte del corazón de la capital, en la alcaldía de Cuauhtémoc.

—El robo a cuentahabiente está a todo lo que da —comenta Salazar Guzmán, segundos antes de que se detenga frente a él una patrulla, cuyo conductor escucha una orden—. “Vamos a darle y ponte a firmar en los bancos; vuelta y vuelta, ¿eh?”.

Hace cuatro días, no muy lejos de este lugar, iniciarían la persecución, luego de que fueran alertados por disparos de armas de fuego.

Después sabrían que un par de asaltantes había despojado de una bolsa con miles de dólares a una mujer, al salir de una sucursal bancaria, mientras al custodio le metían un tiro que lo dejó sin fuerza.


***

Un piquete de policías estaba en el Ángel de la Independencia. Esperaban una marcha que pasarían sobre Paseo de la Reforma. Entonces fue cuando oyeron disparos de arma de fuego.

Pronto escucharon el reporte de que en las calles Florencia y Liverpool habían cometido un robo. Salazar Guzmán estaba atento a las transmisiones y decidió trotar hacia la zona de donde provenía el ruido de las balas.

—Esos son los del robo —alertó otro policía, mientras señalaba a dos sujetos que iban en una Ducati de colores negro con rojo.

En eso estaban cuando el que iba en la parte de atrás le disparó a Salazar. El policía respondió la agresión y vio que la moto se metía por la calle de Hamburgo en sentido contrario, rumbo a Insurgentes.

Salazar, con 38 años de edad y la mitad como poli, vislumbró una moto BMW y, como de película, hizo una señal al conductor para que se frenara; y trepó rápido en la parte de atrás, al mismo tiempo que le pidió perseguir a la Ducati.

Las motos zigzagueaban sobre calles de la colonia Juárez. El de la Magnum disparó y Salazar Guzmán respondió. El motociclista que lo llevaba se asustó y quiso frenar, pero el policía pidió:

—Métele, métele...

Y le metió.

Por una de las tres frecuencias de radio se escuchaba la voz de Olimpo, un jefe policiaco, quien describía la huida.

Eduardo Luna Rodríguez, mientras tanto, había metido el acelerador de su patrulla y salió hacia Insurgentes. Los operadores de las cámaras de vigilancia tenían al tanto a quienes se sumaban a la cacería.

Al llegar al cruce de Insurgentes y Amado Nervo, colonia Santa María la Ribera, los delincuentes se metieron en sentido contrario sobre esta última calle. Salazar los seguía de cerca.

Luna Rodríguez enfilaba sobre la avenida Ribera de San Cosme, pues pensó que por ahí saldrá la Ducati, y acertó, pero al divisar la patrulla los delincuentes abandonaron la moto y corrieron.

Fue ahí cuando Luna se dirigió hacia el que traía la Magnum, con la que le apuntaba; pero ya no tenía balas, pues ya había quemado las seis que traía en el tambor.

Luna observó que el delincuente, fatigado, traía sangre en la ropa. Lo atrapó, le quitó el arma y una bolsa con pacas de dólares.

La moto quedó tirada.

Tenía manchas de sangre.

El jefe Luna pidió una ambulancia para que atendiera al herido de balas, una en el brazo izquierdo, otra en la nalga derecha y una más en la pierna izquierda, atizadas por Salazar.

Para entonces, Salazar ya había cambiado de moto, pues a la altura del número 71 de Insurgentes, cerca de San Cosme, le dio las gracias al anónimo ciudadano de la BMW y abordó una moto oficial, cuyo conductor siguió sus indicaciones y aceleró sobre Amado Nervo.

Y allí atrapó al otro.


***

Los jefes policiacos caminan sobre Liverpool. Tienen asignadas zonas vecinas, incluida la colonia Morelos, donde han encontrado drogas, como sucedió una semana antes de la frenética persecución.

Aquel día incautaron 100 kilogramos de mariguana en la calle Jesús Carranza, barrio de Tepito, y detuvieron a cuatro individuos. El mismo sitio en el que durante octubre hicieron cuatro incursiones.

En otra ocasión también había consumidores. Entre ellos una adolescente, quien dijo que toda su familia, desde la abuela, era consumidora. Ella esnifaba cocaína y empezó a llorar cuando la vieron.

—Sacamos la droga y menos niños se envenenan —coinciden Salazar y Luna, quienes le dicen “líder” a Raymundo Collins, secretario de Seguridad Pública, y exaltan a su jefe Marte.

—Todo lo malo o bueno de la sociedad inicia en la familia —reflexiona Salazar, cuando recuerda a la niña que sollozaba.

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