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Martes , 25.09.2018 / 06:22 Hoy

Crónicas urbanas

Del ajolote al surrealismo pop

Humberto Ríos Navarrete

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Tenía 18 años cuando empezó a descargar sus tubos de aerosol y trazó los primeros símbolos en la periferia, en los límites con Ecatepec, Estado de México, uno de los municipios más grandes del país, situado en el mapa de la inseguridad; pero Miguel Ángel Montaño Martínez, más conocido como Poske One, no quedó petrificado frente a esos muros, pues trasladó esa experiencia a otros ámbitos, de modo que aquellos saltos y asaltos le servirían como al boxeador que entrena al aire libre. Despuntaba el nuevo milenio

La vocación del joven Poske, pintor e ilustrador, lo conduciría a estudiar la carrera de comunicación gráfica en la Universidad Autónoma Metropolitana. Después aprendió dibujo con el maestro Gilberto Aceves Navarro, en tanto que Marco Aulio Prado le sirvió de guía para la pintura de caballete. Todo esto en los talleres libres de la Academia de San Carlos. De la escuela regresaba a casa, en Ciudad Azteca, y desde entonces, cada noche, sube a la azotea y contempla el firmamento.

Después de observar el cielo, ya apaciguado del bullicio capitalino, acumulaba imágenes y se ponía a pintar; algunos de sus cuadros, por lo tanto, reflejan el cosmos y ciertas figuras fantásticas. "Es como una opresión urbana", dice. Por eso todas las noches sube a la terraza, desde la que tiene una visión nítida, sin edificios que estorben.

Ahora reflexiona:

—Cómo es que dejamos pasar el tiempo sin sorprendernos de las cosas que hay; dejamos de mirar el cielo, las estrellas, la naturaleza, el agua; todas esas cosas las estamos obviando. Estamos en un sentido tan urbano, tan rutinario, que perdemos esa capacidad de sorpresa por lo cósmico, por lo extraordinario, por todas esas cosas, por los mínimos detalles que hay en la vida.

—Todo eso te ha servido.

—Sí, y es bien interesante. Hasta te puedes parar en una calle y hacer acercamientos, ponerte al suelo, mirar las plantitas, los bichitos, las grietas, todas esas cosas, y encuentras objetos, formas que no estamos acostumbrados a ver, porque siempre estamos así, como los caballos.

—Con orejeras.

—Sí, estamos perdiendo esas capacidades, y por eso retomo lo cósmico. También creo que es una herencia de estudiar el arte mesoamericano, porque es uno de mis referentes principales, ya que ellos eran unos maestros del estudio de los astros.

—Y aquí no hay edificios.

—Sí, es diferente vivir en la periferia. Aquí me subo al techo y me puedo pasar horas viendo lo que sucede en la mancha urbana; y sí, mira uno hacia allá atrás, se ven los cerros cuando no hay contaminación; se ve el correr de las nubes, se ven los cambios de color del atardecer, y esas cosas a mí me nutren mucho.

***

El aprendizaje en las aulas y en la calle también lo ha llevado a realizar proyectos editoriales y marcas comerciales. En su propuesta estética, comenta Miguel Ángel Montaño, hay una mezcla de expresiones como el arte fantástico, surrealismo pop, arte callejero, los personajes zoomorfos, creados en el arte antiguo mesoamericano, y el colorido de diversas tradiciones mexicanas.

El artista plástico e ilustrador mira hacia atrás y aclara: "El grafiti que hacía antes tenía un sentido de reafirmación de identidad, de colectividad con un grupo de amigos, era más críptico, más como para decirle a otro grupo de personas que estabas ahí; la producción que hago ahora, el mural, tiene que ver con un sentido más de comunicar y de entender el espacio público".

—¿Cuál es la diferencia?

—Empecé haciendo firmas en la calle; ahora la idea es autogestionar proyectos o trabajar con la iniciativa privada o con marcas comerciales para gestión de muros; de participar en festivales que conocen mi trabajo y me dicen que haga una propuesta en su proyecto.

En la CdMx ha realizado diferentes proyectos, como Hidroarte, para el Sistema de Aguas de la Ciudad de México; en el Centro Cultural Border y Casa Talavera, por ejemplo, y también ha sido invitado al extranjero.

—¿Qué hiciste en Hamburgo?

—Me invitaron porque gané gracias a una pintura, con opción a exponer mi trabajo más plástico, y aproveché para desarrollar un mural en una zona, cerca del centro, que se llama Rad Hause; en Chile fue un proyecto en una comuna, donde participan varios muralistas del mundo. Es interesante porque quieren transformar las comunas. Sería como las unidades habitacionales de México. Tratan de llevar un sentido artístico en lugares donde hay problemáticas sociales fuertes.

—¿Y en Los Ángeles, California?

—Fue para una galería de bicicletas que se iba a abrir. Pude pintar un pequeño mural que se exhibe en la parte de afuera de este proyecto que va a ser galería y estudio de artistas.

***

La intención original, comenta el pintor en su estudio de Ciudad Azteca, era generar un híbrido entre la ilustración y la pintura, y una de las corrientes que le ha llamado la atención es el surrealismo pop, desarrollado en Estados Unidos.

"Son pintores que tienen técnicas clásicas —explica—, pero su referente es la cultura pop contemporánea de su lugar de origen, como las caricaturas. Es una mezcla muy interesante".

—¿Por qué haces figuras acuáticas?

—Me lo he preguntado muchas veces. Hay un teórico en la UNAM que dice que de repente en la carrera de un pintor brincan ciertos íconos, símbolos. Con esas figuras tengo una sensación interesante; me gusta estar mucho tiempo en el agua, en el mar, tal vez sea una cuestión biológica el interés por estos animales acuáticos.

—¿Cuál es la figura que más te obsesiona?

—Desde hace dos o tres años produzco mucho un personaje que está basado en los ajolotes. Me gusta esa figura monstruosa que podría ser una categoría de belleza diferente; me interesa como un símbolo de transformación: puedes cortarle una manita, la patita, y empieza a tener una regeneración. Mucha de mi producción actual está basada en entender eso: las cosas que nos transforman, que nos hacen diferentes, que nos pueden mostrar otras capas de la realidad.

Este ilustrador y artista plástico, quien todas las noches observa el cosmos y desciende en busca de ajolotes, brinca del grafiti y experimenta con diversas técnicas. Escudriña detalles que la mayoría ignora y mezcla figuras de su niñez. Es cuando se aproxima a esa tendencia estadunidense denominada surrealismo pop.

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