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Viernes , 14.12.2018 / 20:38 Hoy

Crónicas urbanas

Cris logra sobrevivir

Humberto Ríos Navarrete

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En la Cuauhtémoc viven 532 mil 831 habitantes. Es la delegación con el mayor número de población temporal y “en situación de calle”. También sirve de escenario para el terror en algunos de sus hoteluchos. En uno de estos, ubicado en Santa María la Ribera, fue sometida una menor de edad, quien lograría escapar y divagar en descampados; después fue violentada, pidió auxilio y fue internada para su tratamiento de VIH.

Es la historia de Cris.

Desde hace dos años vive en un albergue, fuera de Ciudad de México, donde es una de las residentes más dedicadas; su aspiración es terminar la carrera de trabajadora social para ayudar a niñas y niños que han tenido problemas similares a los de ella, que primero fue forzada por su padrastro, con la complicidad de su madre, y después por varios sujetos.

Es el relato de Martín Pérez, encargado de Atención a Población en Situación de Calle en la delegación Cuauhtémoc, quien conoce los claroscuros de lugares donde se mueven más de mil personas que viven en banquetas, refugios improvisados, predios sin dueños y en hoteles de mala muerte. Siempre está al tanto de cualquier emergencias entre homeless.

Y lo respetan.

Aquel día de 2016 estaba en su oficina cuando conoció uno de los tantos sucesos que ahora cruzan por su mente, atiborrada de casos variados, y entonces los pone como ejemplo de su labor; a veces, relatados por las propias víctimas o a través de amigos. Es así como los atiende.

Ha sido testigo de historias cuyos personajes, hombres y mujeres de todas las edades, no han podido sobrevivir por mucho tiempo, pues recaen; otros, como Cris, han logrado superar embates, no obstante las insondables heridas, porque están dispuestos a dejar la calle.

De Cris lo supo la segunda vez que recibió su visita, pues no aguantaba los dolores de vientre.

—Martín, ayúdame.

—Pero qué te pasó.

—Me violaron...

***

Dentro de los grupos en situación de calle existen líderes. El más fuerte es el que manda. Y llega el momento en que le presentan a la recién llegada. Él tratará de conquistarla, abusar de ella si es posible, y le ofrecerá la mona. O sea, una estopa o papel de baño con inhalante.

Es la vida de la calle.

Y empezará a monearse.

Ella preguntará a otra:

—¿Y tú, qué?

—Pues yo me prostituyo.... 30 o 40 pesos me dan los taxistas y tenemos relaciones, o nomás les hago el guagüis. Y ya si quiere otra cosa, te tiene que dar un cincuentón o un sesentón.

—Ah, pues órale.

Es algo que se repite.

Fue el caso de Cris.

La había violentado el padrastro y pudo escapar de un cuartucho. En la calle conoció a otras jovencitas y se acercó. Estaba asustada.

“Vamos con Martín, manita, Martín nos ayuda a todos”, le comentó una de las dos muchachitas.

Y llegaron con Martín.

—Te presento a Cris.

—Qué pasó, Cris, cómo estás.

—Aquí...

—¿Cuántos años tienes, Cris?

—Tengo 9 y ya voy a cumplir 10.

—Okey, Cris, ¿y qué andas haciendo por acá, y tu mamá, tu papá?

Martín está consciente de que no debe hacer preguntas agresivas, ni dibujar muecas, ni mostrar enfado, incluso ni parpadear demasiado, “porque si no le pones un cierre en la boca”, dice mientras explica. Todo lo aprendido durante años de coexistir con personas que viven en la calle.

Es cuando Cris le dice que había escapado del hotel y que ahora “trabaja” con sus amigas. Se despide de Martín, quien le pide la dirección del hotel donde vivía; Martín las ve partir y les dice a sus compañeras que la cuiden, pues es menor que ellas, aunque sea uno o dos años.

Martín fue ese mismo día al hotel, pero no encontró a la madre.

Y al día siguiente volvió al hotel. Tampoco halló a la madre. Martín empezó a preocuparse. Sabía que las otras muchachitas, que tenían más tiempo en la calle, podían sobrevivir; pero Cris, de menos experiencia, corría peligro.

Después sabría que Cris se puso en avenida Reforma y que un individuo se la había llevado en una camioneta.

Pasaron tres días. Martín preguntó por ella a sus demás amigas. Le dijeron que no sabían. Volvió al hotel. Nada. Las autoridades ya sabían del caso. Habían transcurrido dos meses cuando Martín escuchó que golpearon la puerta de su oficina. Era una Cris escuálida; despedía un olor fétido. Vestía pantalones deportivos sucios y guangos.

—¿Qué pasó, hija, qué te pasó?

—¡Martín, ayúdame.

—Tranquila, tranquila.

Y la abrazó.

Ella se aferró a Martín, acostumbrado al olor de personas que viven en la calle, con las que incluso saborea alimentos, pero esta vez percibía una pestilencia más desagradable.

Le preguntó qué había sucedido y Cris relató que una mujer la ató durante varios días en un cuartucho del Centro Histórico de la ciudad, donde era violada por varios individuos —”puros viejos, puros viejos, Martín”—, y que en un descuido alcanzó a desatarse.

***

Martín la invitó a subir al carro y enfiló a la Clínica Condesa, en la colonia del mismo nombre, donde realizan pruebas de detección de anticuerpos del VIH y pruebas rápidas de sífilis.

Hizo los trámites adecuados para que la revisaran. Anotó su nombre como “persona responsable de grupos vulnerables” y a las tres horas le informaron que la niña estaba infectada con VIH.

Ese mismo día habló por teléfono a diferentes lugares para internarla, hasta que a la una de la mañana pudo contactarse a un albergue de un estado, donde atienden a niñas con ese tipo de enfermedades, y hasta allá la llevó.

De vuelta a Ciudad de México, acompañado de funcionarios de la Procuraduría General de Justicia capitalina, entre ellos abogados y trabajadoras sociales, Martín Pérez fue a buscar a la madre de Cris, pero no la encontraron.

Pidieron a la encargada del cuartucho que le dijera a la madre que su hija había sido hospitalizada. Al día siguiente volvieron a ir y les informaron que la mujer había abandonado el domicilio con sus pertenencias.

Han pasado dos años.

Cris está en un albergue y cursa el tercer año de secundaria. “Tiene un talento especial y les enseña a los demás niños a dibujar”, dice Martín. “Ella, cuando termine, quiere ser trabajadora social para ayudar a los demás niños”.

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