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Crónicas urbanas

Ahora, "secuestran" autopartes

Humberto Ríos Navarrete

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La calle Toltecas, delegación Coyoacán, es uno de los espacios de más impunidad. Lo ha sentido en carne propia la familia Hernández Romero, que ha sufrido continuos descalabros en su patrimonio, empezando por robos de automóviles y sus componentes. La plaga arrasó incluso con una de las videocámaras colocadas para detectar depredadores.

Algunas partes de autos robadas son ofrecidas en páginas de internet. La Secretaría de Seguridad Pública, mientras tanto, detecta criminales, varios de ellos adolescentes, como ha sucedido en las delegaciones Benito Juárez y Cuauhtémoc. Pero las batidas no le sirven de consuelo a las víctimas, quienes han fracasado en su intento por inhibir robos.

El deterioro en el entorno de los Hernández Romero, según testimonios, empezó hace siete años, cuando despojaron de baterías a cinco autos de sus vecinos. Las próximas víctimas serían ellos. Eran cosas ligeras, pero continuas. Llegó el momento en que los ladrones, no se sabe si de la misma banda, empezaron a robar llantas y autos.

Hace dos años le robaron un taxi a Juan. Lo supieron minutos después porque esa noche recibieron una llamada telefónica de la empresa de localización, donde descubrieron que al auto le hacía falta el GPS. El dueño del vehículo abrió la puerta de su casa para confirmar que el carro no estaba.

Eran finales de 2015. El automóvil no fue encontrado. Lo más lógico, cuenta Mauricio, primo del dueño, es que el dispositivo de localización haya sido desactivado por manos expertas. No solo eso, comenta, un auto es deshuesado rápido. “En poco tiempo los hacen carnitas”.

Los robos de autopartes continúan en esa calle, donde también se suman asaltos con arma de fuego. Siempre por las noches. Lo más probable es que los delincuentes espíen el paso de patrullas. La mayoría de los ladrones son jóvenes, traen capuchas y andan cabizbajos.

“La delincuencia ya se desató en la zona; además, es ineficiente el alumbrado público”, dice Mauricio. “Ya desconfías de todo, porque no sabes a qué hora te va a tocar”.

Y le tocó.

Entonces empezó su martirio.

***

Es común que detengan en la ciudad a delincuente por robo de autopartes, y cada vez hay más jóvenes involucrados, según se demostró el pasado 29 de abril, cuando fueron detenidos tres menores en la delegación Benito Juárez.

Los policías recorrían las calles de Laura y Virginia, colonia Nativitas, cuando observaron que tres jóvenes quitaban las autopartes de un vehículo marca Chevrolet tipo Camaro.

Los presuntos corrieron y fueron alcanzados. El reporte policiaco informa que en una mochila color rojo les encontraron tres pares de retrovisores de diferentes vehículos.

Dos días después, operadores del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) pidieron a una patrulla aproximarse a las calles Mariano Azuela y Eligio Ancona, colonia Santa María la Ribera, para verificar un reporte de robo de accesorios de un vehículo marca Chevrolet Aveo.

Los policías, de acuerdo con un comunicado, detuvieron a un joven de 17 años, quien “no pudo acreditar la procedencia de un retrovisor, por lo que realizaron una inspección al automotor, percatándose que no contaba con el espejo lateral del costado derecho”.

Un desarmador es suficiente para el robo de autopartes. La operación es en segundos. A veces son captados por las cámaras de videovigilancia, como sucedió en el anterior caso y en la colonia Merced, delegación Venustiano Carranza, donde el 5 de mayo era deshuesado un vehículo marca Nissan. Un hombre y una mujer fueron apresados.

Dos días después, “mediante cerco virtual”, detuvieron a un joven y una mujer mayor sobre la avenida Obrero Mundial, quienes momentos antes habían desmontando una autoparte de un vehículo estacionado sobre las avenidas José María Vértiz y Xola, colonia Narvarte Oriente. Los implicados trataron de escapar en una camioneta Voyager color verde.

El viernes 11 del pasado mes, la SSP montó un operativo con 400 policías en la colonia Buenos Aires “para la verificación de piezas automotrices”. Este tipo de incursiones policiacas son realizadas de manera esporádica, pues en la zona también venden autopartes robadas.

Esta vez el operativo, según un comunicado, se realizó “después de efectuar una detención en calles de la colonia Del Valle, donde un hombre fue asegurado con 15 piezas vehiculares y quien explicó ser propietario de un local que se ubica en la calle Renacimiento, colonia Buenos Aires”.

En ese momento llegó otra persona e intentó sobornar a policías con 15 mil pesos, por lo que también fue detenida.

En coordinación con el Instituto de Verificación Administrativa y de la Unidad de Inteligencia Financiera de la SSP-CdMx, agrega el comunicado, “se desplegó un operativo en dicho negocio, donde se clausuraron tres locales por venta de autopartes de procedencia ilícita”.

***

Mauricio compró un auto marca Logan en diciembre de 2015. Lo estacionaba en una calle de la colonia Buenavista, delegación Cuauhtémoc, sin tener problemas; después, en 2017, lo llevó a la calle Toltecas, colonia Santo Domingo, en Coyoacán, donde crecieron los problemas.

El 5 de junio llegó a las cinco de la mañana y se durmió. Poco después su tío le avisó que delincuentes de un coche negro le habían robado las llantas y luego enfilaron hacia la colonia Ajusco.

El mismo lunes, tres horas después, se dio a la tarea de buscar llantas para su auto y encontró las suyas en una conocida página electrónica de compra y venta de diversos objetos.

Desde que las vio supo que eran las que le habían robado. Decía el anuncio: “Rines Renault Logan 15, mil 200 por unidad”. En una agencia, el mismo tipo de llantas, estaban entre 11 mil y 12 mil pesos, comenta Mauricio, “y tardaban ocho días en entregármelas”.

—¿Cómo supiste que eran tus llantas?

—Tenían el mismo raspón del lado derecho. Le había rayado el rin con el tronco de un árbol. Era la misma marca. O sea, es como si secuestraran las autopartes y pagaras el rescate.

Seis meses después, en la madrugada, robaron los cuatro tapones a un Honda; al suyo le tocaron los retrovisores. Un día antes, 30 de noviembre, habían instalado dos videocámaras en la fachada de su casa.

“Quedó grabado”, dice Mauricio: “Llegan dos chavos en una motoneta que se paran adelante y bajan. En cuatro segundos desprenden los retrovisores”.

Por la tarde pasó la patrulla. Le informó de lo sucedido. El policía le dijo que denunciara ante el Ministerio Público y prometió hacer rondines más seguido.

Al día siguiente supo que habían robado una videocámara, mientras la otra reproducía al sujeto de la capucha.

“Agarra un tronco para treparse”, describe Mauricio, “pero como no lo aguanta, regresa a la media hora con un bote, se cuelga de la cámara, la arranca y la guarda en la bolsa de canguro de su sudadera”.

Habló a un distribuidor de autopartes, quien le preguntó si quería retrovisores eléctricos o manuales, y le aclaró que eran usados. “En gris y eléctricos”, respondió Mauricio.

Llevaron los retrovisores –esta vez no eran los mismos– y los instalaron en 20 minutos. Le cobraron 2 mil 200 pesos.

—¿Te los robaron? —preguntó el técnico.

—Sí, en la noche —dijo Mauricio.

—Sí, es que ahorita hay mucho pedido de este coche. Yo te recomiendo que ya no lo dejes en la calle.

Esa semana de mayo, día 12, compró otra videocámara y la instaló. Por la noche, a eso de las 22:00, un encapuchado de sudadera asaltó con arma de fuego a una tía y su hija.

Frente a la casa.

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