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Martes , 20.11.2018 / 10:13 Hoy

El país de las maravillas

Todos los candidatos piensan lo mismo

Horacio Salazar

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No lo digo en sentido estricto, claro. Solo ellos saben lo que piensan, y desde luego no tengo duda de que los procesos mentales de personajes tan dispares como Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez Calderón son completamente distintos.

Cada cabeza es un mundo, y aquí estamos hablando de cuatro mundos diferentes por su formación, su visión del mundo y, cómo no, su visión del futuro de México.

Cuando digo que todos ellos piensan lo mismo lo que quiero decir es que de manera amplia, el diagnóstico que hacen de la situación actual es muy parecido: tienen más o menos claro el qué, la identidad del problema. Lo ilustraré con la visita que hizo ayer a Nuevo León el candidato de la coalición “Por México al frente”.

Anaya le dijo a los industriales que en su programa de trabajo incluiría: [1] el combate a la corrupción (en lo que coincidirían todos, empezando por el más ferviente defensor de este rollo, López Obrador); [2] la lucha contra la pobreza extrema (de nuevo un tema común a todos, empezando por ya saben quién; [3] una estrategia buena para mitigar la violencia (¡vaya, otra coincidencia!); [4] el fomento a un crecimiento incluyente (ninguno de los cuatro puede decir que no a esto).

Por último, y considerando a su audiencia, Anaya dijo que los empleos no los genera el gobierno sino el sector privado, y que los empresarios son indispensables para la prosperidad del país.

Los cuatro están de acuerdo en que la corrupción y la impunidad rampante que hemos vivido ya en exceso deben terminarse de raíz, y que se debe castigar en serio a los corruptos.

Aunque sea para el discurso, y a veces con reticencias, todos defienden la inclusión, sumando a mujeres, a niños y a minorías (desde indígenas hasta las de asuntos de género). Todos dicen amar a México profundamente (y no lo dudo) y se dicen dispuestos a dejar el pellejo para darle al país el gobierno que merece.

Pero si se parecen en el diagnóstico, el qué, en lo que sí difieren es en el cómo.

Ahí sí cada cabra tira para su monte particular, que va desde cercenar manos hasta percolar la honestidad valiente y la honradez por el ejemplo. Pero es puro rollo: la verdad es que nadie sabe cómo hacerlo. Nadie tiene la varita mágica. Los votos del 1 de julio serán votos por la persona, no por la plataforma. Otra vez, ay de nosotros.


horacio.salazar@milenio.com

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