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El país de las maravillas

Revillagigedo: un buen comienzo

Horacio Salazar

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Para salir un poco de las tragedias cotidianas, este viernes tuvimos una noticia maravillosa: el presidente Enrique Peña Nieto firmó el decreto que crea el Parque Nacional Revillagigedo, que será el más grande de Norteamérica con una superficie de 14.8 millones de hectáreas. Para que se entienda mejor, su zona núcleo equivale a 2.3 veces la superficie entera de Nuevo León.

¿Qué significa que sea Parque Nacional esta región en torno a un puñado de islas? El Presidente lo dijo claro: “Quedará prohibida en esta zona toda actividad pesquera, la extracción de cualquier recurso natural y la construcción de infraestructura hotelera”. Habrá que recordar esta promesa para proteger la zona contra depredaciones futuras.

Hace unas semanas se anunció el programa “Celebrando los mares mexicanos”. Los grupos Mares Mexicanos y dataMares se aliaron con el Museo Interactivo de Economía para presentarnos una serie de videos amorosamente curados y basados en lo mejor de la ciencia. Querían despertar la curiosidad y luego la simpatía de los mexicanos para que todos apoyemos de manera más vigorosa nuestros mares. Bien, pues el acto de ayer es un paso adelante.

En el lanzamiento del programa que acabo de citar, uno de los promotores más entusiastas de la protección, el biólogo Octavio Aburto, dijo que otro paso obligatorio es ponernos de acuerdo en cuanto a las cifras. Ahí dijeron que a México le faltaba mucho para llegar a la meta de proteger 10 por ciento de sus mares. Ayer se dijo que contando el nuevo parque, ¡casi alcanzamos a proteger 23 por ciento! Claramente necesitamos todos usar la misma vara de medir.

Los científicos habían pedido que el área de protección fuera de 28 millones de hectáreas, pero creo que de cualquier forma estarán satisfechos con el nuevo parque nacional y con la certeza de que ese tesoro biológico estará a salvo de las flotas atuneras y de los megaproyectos turísticos.

Yo tengo la esperanza de que el Parque Nacional Revillagigedo sea la versión a gran escala de otra de las buenas historias de éxito que pocos hemos conocido: la del Parque Nacional Cabo Pulmo, ubicado en la punta de la península de Baja California. Una veintena de familias cambiaron la pesca por el ecoturismo, y con apoyo de biólogos lograron que en 1995 se declarara Área Natural Protegida. La salvaron de un proyecto hotelero y hoy el arrecife recuperó su esplendor. Con apoyo de la ciencia y las comunidades sí se puede.

horacio.salazar@milenio.com

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