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Domingo , 27.05.2018 / 00:54 Hoy

El país de las maravillas

¿Regreso a clases?

Horacio Salazar

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Mi hijo está de luto. Le quedan escasos dos días de vacaciones y el lunes se unirá a más de un millón de escolapios que volverán a su trabajo de estudiar.

De momento quiere aprovechar las últimas horas de este periodo haciendo lo de un día sí y otro también: jugar en línea con amigos a los que ha frecuentado por meses en campañas y otras actividades virtuales.

Si le planteara en serio la posibilidad de no ir a la escuela, brincaría ante la ocasión y aceptaría sin pestañear ni el menor titubeo. Y no es que sea un mal estudiante; al contrario, cuando ya está enrolado lo hace bien y más allá de su irrefrenable timidez, se desempeña con solvencia.

Pero ¡cómo cuesta volver a la actividad! Yo lo entiendo. Cada semana salgo el lunes a la Ciudad de México para trabajar y estoy de regreso el viernes por la noche, y aunque quiero progresar en mis pendientes durante el fin de semana, lo más probable es que sea más el tiempo que paso en la lela. Y como mi hijo, la noche del domingo estoy remoloneando, sin ganas de volver.

Pero la situación me recuerda a los personajes de Palomo en El Cuarto Reich, uno de los cuales dice, envidiando a los ricos, que sería fabuloso poder preocuparse por la composición química del ectoplasma en vez de andar persiguiendo pollos voladores (por lo alto de los precios).

Con lo anterior quiero decir que muchos niños ya quisieran tener el problema de mi hijo, de que sólo tiene falta de ganas, a sabiendas de que el problema no será encontrarse la escuela cerrada y a los profesores involucrados en marchas o plantones. Para millones de chicos, volver a clases es un sueño guajiro, porque dependen de que el Gobierno Federal y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación lleguen a un acuerdo para poner fin al conflicto.

¿Sería posible venderle a mi hijo la idea de que es un privilegiado porque él sí puede volver a clases? ¡Difícilmente! Pero sí está en una posición envidiable comparado con muchos niños de los estados más rezagados de México.

El regreso a clases no hará sino agudizar más el enfrentamiento entre el Poder Ejecutivo y la disidencia magisterial. Los hechos recientes, que incluyen una declaración presidencial equivalente a una autoabsolución, hacen a muchos temer un desenlace todavía más complicado.

Mi hijo ni siquiera tiene idea del conflicto magisterial, ocupado como está en el mundo virtual. Menos aún tiene una percepción de que algo esté mal en la educación en México. Y yo me pregunto: si chicos como mi hijo imaginan negro el futuro porque tienen que volver a clases, ¿qué tipo de futuro podrán imaginar todos esos niños sin maestro, sin aula, sin claridad?

horacio.salazar@milenio.com

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