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Viernes , 22.06.2018 / 02:54 Hoy

El país de las maravillas

'Patricia' la poderosa

Horacio Salazar

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Es viernes por la noche mientras escribo, y en paralelo al sonido de mis dedos sobre el teclado escucho el repiqueteo de la lluvia sobre el techo: aunque estamos a cientos de kilómetros de la posición de Patricia, el huracán, ya sentimos su efecto.

Todo el viernes se replicó por todas partes la declaración en el sentido de que Patricia se había convertido en "el huracán más poderoso jamás registrado en el área de responsabilidad del Centro Nacional de Huracanes".

Gracias a las redes sociales y a la multiplicación de advertencias que se hicieron circular, parece que el saldo en vidas será bajo. Eso es magnífico. Pero en Nuevo León recordamos bien el costo de los huracanes: después de que Gilberto (1988) nos despertó a la realidad de que sí podíamos ser afectados por estos fenómenos extremos, Alex (2010) nos salió barato en vidas... pero carísimo en infraestructura.

Las primeras imágenes de la zona costera en los estados por donde tocó tierra Patricia hablan de lo mismo: daños materiales principalmente. Ojalá que así se mantengan los reportes en los próximos días.

Vi muchas fotos, muchos videos, muchos memes de Patricia y su impacto en México. Y vi también información valiosa para el ciudadano común, aunque no en las redes sociales, donde el huracán sirvió más para convocar plegarias que para informar bien. Pero sí encontré recursos para responder a mi pregunta primaria: ¿Cómo fue posible el crecimiento explosivo de Patricia en el Pacífico mexicano? Y lo primero que aprendí fue que los expertos usan aquí la palabra bombificación.

El terminajo se usa en huracanes que evolucionan con rapidez. Pero nunca antes se había usado para aludir a un fenómeno tan acelerado. En 36 horas, Patricia pasó de tener vientos de 65 km/hora a vientos de 320 km/hora; y la presión barométrica se desplomó desde los 990 milibares de una tormenta regular a una presión bajísima de 880 milibares.

Esto se debió a la combinación de varios factores: la temperatura del agua en la superficie del Pacífico, en la zona donde se formó Patricia, rondaba los 30-31 grados, más de un grado por encima del promedio; las bajas presiones produjeron vientos poderosos y, por lo que puede conjeturarse, un factor es un fenómeno El Niño inusualmente fuerte, más (tal vez) el impacto acumulativo del calentamiento global. Y todo parece indicar que ciclones cada vez más fuertes y acelerados serán la norma. Gulp.


horacio.salazar@milenio.com

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