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Lunes , 24.09.2018 / 03:53 Hoy

El país de las maravillas

La utopía de Javier Treviño

Horacio Salazar

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Lo diré de una buena vez. Hay que aplaudirle a Javier Treviño poner sobre la mesa algunos de los temas importantes para Nuevo León. En el video que puso en su sitio y que puede verse en YouTube describe en efecto tanto las penurias de la situación actual como un futuro deseable para nuestro estado.

El político nuevoleonés le dijo a MILENIO Monterrey que él no anda buscando la gubernatura y que sólo trata de elevar el nivel del debate. Como en política la forma es el fondo, el hecho de que salga en estos tiempos con estas afirmaciones hace que suene a hueco.

Porque siempre ha hecho falta elevar el nivel del debate, y su mensaje suena tan oportunista como la heroica disponibilidad de El Bronco o la humildad poco creíble de Abel, etcétera.

Pero que él tenga su propia agenda (incluso aunque fuera la Agenda Común por Nuevo León que propugna) no invalida la verdad de algunas afirmaciones y en efecto hay cien detalles con los que estará de acuerdo cualquier nuevoleonés con dos dedos de frente.

Nadie ha cantado victoria contra la inseguridad, pero ciertamente sólo hace falta asomarse al agujero infernal que es Tampico para ver que comparativamente estamos en la gloria. Ciertamente andamos con la MR en términos educativos; y ser cabeza de ratón es en efecto poca gloria en un mundo competitivo donde los alumnos coreanos estudian cada día el doble o el triple de lo que estudian nuestros niños; pero tampoco tenemos que ir sólo tras ese indicador irreal.

Tenemos en efecto una juventud mal armada para las exigencias del siglo XXI... pero del siglo XXI en el mundo desarrollado: nuestra juventud está que ni pintada para medrar en el lagar de corrupción e impunidad que ha construido en México la clase política.

Javier Treviño dice una verdad del tamaño de una catedral cuando señala que “buena parte de la clase política del estado no está a la altura de los retos y del potencial que tiene Nuevo León”. Su eufemismo es cándido, por lo menos, y oculta una realidad todavía más atroz.

Hay que atreverse a soñar. Entre Aristóteles, quien sentenció que la política es el arte de lo posible, y Federico Mayor, de la UNESCO, que le enmendó la plana al Estagirita diciendo que al revés, la política es el arte de lo imposible, me quedo con el español, porque también creo que siempre hay que tener sueños inalcanzables.

Pero dije inalcanzables, no irreales. Dice Javier Treviño que no hay espacio para gobiernos improvisados que al cuarto para las doce andan viendo qué hacen para encarar la montaña de retos. Yo pregunto dónde están los políticos capaces de formar un gobierno que se las averigüe, así sea a nivel conceptual, con algunos de esos retos.

No tengo la menor duda de la inteligencia de Javier Treviño. De hecho, creo que él sería de los pocos capaces de pasar esa prueba. Pero un gobierno lo forman miles y miles de personas falibles, y muy pocas de ellas tienen la reciedumbre moral para garantizarnos nada.

Para gobernar bien se requiere ser capaz, dice Javier. Ronald Reagan, en los Estados Unidos, nos demostró que no. Se puede gobernar bien desde un cierto nivel de ineptitud, a condición de que el equipo sea formidable. Pero no me imagino de dónde pueda sacar Javier, o quien sea, un equipo de Primera División en la Liga Nuevo León. Lástima de utopía.

horacio.salazar@milenio.com

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