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El país de las maravillas

La semana después

Horacio Salazar

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En una de las mejores escenas de Mi querido Presidente, el mandatario Andy Shepherd (Michael Douglas) se dirige a su rival Bob Rumson (Richard Dreyfuss) y le dice: “Tenemos serios problemas y necesitamos gente seria… Éste es un tiempo para gente seria y tus 15 minutos de fama se acabaron”.

Recordé esta escena cuando pensaba acerca de los escasos días en que hemos vivido la antesala de una reconformación total de la estructura política de México. Cuando en Nuevo León ganó El Bronco Jaime Rodríguez hubo también esa euforia y un asombro enorme por la ventaja que le sacó a sus competidores, pero solo a nivel estatal, y ahora lo vimos, muy multiplicado, en cada estado del país.

Y no nos engañemos. Podrán estar en alianza con Morena dos partiditos que espero pronto desaparezcan del mapa, y podrán decir que cómo ha crecido Morena en apenas cuatro años. Pero no es el movimiento, con todo y sus virtudes: es El Peje, Andrés Manuel López Obrador, el que encarnó la ruta de salida a todas las frustraciones y enojos del pueblo mexicano.

¿O acaso cree usted que sin AMLO, la gente hubiera votado por la Morena que le dio permiso a una de sus senadoras de festejar (con champagne, claro) para enseñar el cobre de manera escandalosa? ¿O que sin la bendición de López Obrador la gente hubiera aceptado a candidatos tan desacreditados como algunos de los despojos que El Peje fue recogiendo a lo largo de la campaña?

Presenciamos el triunfo de un solo hombre sobre todos los sistemas, los cuadros, las mañas, el escepticismo. Como ha dicho Héctor Aguilar Camín, suficiente mexicanos dejaron de lado la realidad para votar por la esperanza, los suficientes para darle a López Obrador más de 30 millones de votos.

Estoy seguro de que todos lo han visto y lo han leído bien: ya con el triunfo en la bolsa, la lentitud avejentada, las repeticiones interminables, la insistencia machacona en cuatro frases, se fueron al caño. Eran parte de la campaña y fueron desechados porque ya no eran necesarios.

Las declaraciones del futuro secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, sobre la evolución del precio de las gasolinas me da a entender que López Obrador, ya despojado de su careta de viejito lento, pueda estar dispuesto a ser de la gente seria que pedía Michael Douglas en la película. Que así sea. Ahora déjenme preparar unas palomitas para volver a ver Mi querido presidente, que a mí me pasó al revés: voló mi frescura y volví a mis 61 años. Que alguien por favor me traiga un chocolate.

horacio.salazar@milenio.com


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