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Lunes , 12.11.2018 / 21:42 Hoy

El país de las maravillas

Julio 1, como quiera. ¿Y julio 2?

Horacio Salazar

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Llevamos meses con una fecha grabada con fuego en la cabeza: domingo 1 de julio de 2018. Como si todo el futuro consistiera en esa fecha. Y esa manía revela quiénes somos: somos un pueblo mágico que confía en los milagros y en la magia.

Aunque sigo sin estar seguro que los alaridos de los AMLÓfilos vayan a ver una derrota aplastante para todo lo que represente (ante esos mismos AMLÓfilos) continuidad o preservación del viejo régimen, acepto conceder, en nombre de la discusión, que haya un triunfo inobjetable de Andrés Manuel López Obrador.

Si juzgamos por el tono que ha adoptado la recta final de su campaña, en su cuartel no hay la menor duda y casi hasta parecen decir que el proceso electoral será de mero trámite. Ese triunfalismo le ha salido muy bien al Peje, sobre todo porque así su derecho al pataleo en caso de un tropezón tiene más margen.

Ejemplo. Leo mucho que el gobierno prepara un macrofraude. Y me pregunto, si tan seguros en verdad están del triunfo arrollador, ¿a qué vienen esas advertencias? Me suenan más como un preparativo para gritar ¡faul! si el resultado no se apega a sus expectativas. Ojalá no lleguen al extremo de Trump, que siguió inventando un fraude inverosímil (millones de votos de indocumentados) cuando ya habían declarado su victoria.

Aprovechando que traje a colación al vecino pelo de zanahoria, ahora está claro el tamaño de la intrusión de Rusia, un Estado ajeno con intereses muy claros. En el caso de México, creo que esa intrusión ha sido fuego amigo: la clase intelectual que se piensa de izquierda y solo es antigobierno (mientras el gobierno lo ejerza un rival).

Pero yendo al punto, ya dije que puedo imaginar el triunfo de AMLO, apretado u holgado. No me da miedo que gane, porque creo que ninguno de los candidatos quiere lo peor para México. Lo que me da miedo es lo que ocurrirá al día siguiente.

Ya vimos un ejemplo anecdótico, con la señora que golpeó a otra mujer solo porque se atrevió a ser rubia en vez de… ser, morena. Y externó una postura política tan directa como aterradora: “Ahora que gane AMLO vales pura v…”. Si en eso caemos a partir del 2 de julio, sabemos a dónde nos puede conducir. En Estados Unidos le quitó la correa a los racistas más extremos. Si el tigre del Peje era una amenaza seria en caso de que perdiera, me parece peor amenaza en caso de que gane. Ojalá me equivoque.

horacio.salazar@milenio.com

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