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Sábado , 23.06.2018 / 13:26 Hoy

Frente a una copa de vino

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Hay una oración tradicional entre quienes gustan de libar en las comidas con alguna bebida alcohólica: “Si el vino mata lentamente, no tengo ninguna prisa”. Pero cada vez está más claro que el vino actúa como muchos alimentos: en las dosis apropiadas, resulta de lo más benéfico, pues los químicos que le dan su sabor y propiedades características tienen también efectos correctivos sobre la salud humana.

Esto es una buena noticia para los degustadores de vino en México, porque en nuestro país de las maravillas, resulta que se producen vinos de buena calidad, bien recibidos por paladares conocedores.

La globalización nos ha traído la conciencia de que los europeos, o tal vez deba decir los habitantes de la cuenca del Mediterráneo, tienen dietas que les permiten alcanzar longevidades asombrosas. Las comidas mediterráneas no solo combinan adecuadamente verduras, frutas y otros alimentos, sino que en general suelen ir acompañadas de una copa de vino.

Al vino le ha ido un poco como al café: hay estudios que certifican sus virtudes en apoyo a la salud, en tanto que otros estudios, también serios, advierten contra el consumo de alcohol como algo que deteriora las capacidades mentales. Pero cada vez hay más consenso en que la dosis diaria de una copa de vino resulta benéfica para el corazón, el cerebro, la circulación, el ánimo y la esperanza de vida.

Cada vez se conoce en más detalle cuáles son los factores que determinan las propiedades de un vino, y éstos van desde el tipo de suelo hasta las barricas donde se añeja, pasando por los procesos de elaboración.

Los que gustan de comer con vino están de acuerdo en que una copa les ayuda a estar de mejor humor, a tener una digestión más regular, a mantener bajo control los efectos del envejecimiento y en general a tener mejor salud. El vino es, pues, una especie de reforzador de la buena vida, igual que un elemento civilizador, siempre y cuando se consuma en la dosis ya repetida.

En Nuevo León, las latitudes en las que se podrían cultivar buenas uvas tienen tierras áridas, pero desde Coahuila hasta Baja California se producen vinos que yo he podido apreciar incluso comparándolos con otros mucho más caros y exóticos. Somos un país en donde felizmente podemos adquirir un buen vino casi en cualquier supermercado. Ojalá cerremos el círculo consumiendo vino en las dosis recomendadas. Seguro tendremos una digestión más amable y una sonrisa más amplia. ¡Salud!

horacio.salazar@milenio.com

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