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Sábado , 23.06.2018 / 06:07 Hoy

El país de las maravillas

Entre la posverdad y el "bullshit"

Horacio Salazar

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El próximo martes, la Escuela de Periodismo “Carlos Septién García” celebrará su cumpleaños 68 con una batería de mesas de análisis en torno a un tema de lo más actual: “Fake news y nuevos medios”.

Confieso que me invitaron a moderar una de las mesas de discusión, y para llegar debidamente documentado empecé a buscar materiales sobre este asunto, y quiero compartirles unas cuantas ideas que he tomado de otros y creo merecen ser discutidas ampliamente.

Mis pesquisas me llevaron a un concepto fascinante: la posverdad (algunos escriben post-verdad, pero la Fundación para el Español Urgente recomienda posverdad, http://mile.io/2qfajTv) y, de acuerdo con una autoridad tan insigne como el diccionario Oxford, se define como “lo relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

Por decirlo más llanamente, al decir que vivimos los tiempos de la posverdad lo que se quiere decir es tiempos en los que la opinión pública es dirigida no por los hechos, sino por las emociones y creencias. Tiempos en los que no importa que Donald Trump grite mentiras a los cuatro vientos, mientras ponga cara de líder firme y vigoroso.

Encontré que algunos definen como sinónimo de posverdad a la mentira, y por ejemplo al hablar sobre el tema noticias, dicen que las noticias del tiempo de la posverdad son las falsas noticias, las fake news.

Otros definen diferencias sutiles entre los términos. La posverdad, dijo Felipe López Veneroni, es un discurso capaz de presentar una inexistente verdad alterna, al tiempo que niega lo que es demostrable. Raúl Trejo Delarbre dijo que más bien la posverdad no es usar falsedades para engañar, sino propagar falsedades a partir de lazos de confianza que se producen en las redes digitales.

Mi apuesta va más por la definición que explicó Alejandro Katz en un acto celebrado en Buenos Aires. Para él, la posverdad estaría más próxima a un vocablo analizado por el filósofo Harry Frankfurt: bullshit. Esta palabra, que traduce como “palabrería”, alude a una excreción oral sin carga semántica. Aquí diríamos tal vez rollo. Pero bullshit, si bien puede ser comparado con mentira, en realidad alude a otra cosa: a una indiferencia del hablante respecto a la verdad o falsedad de lo que dice. Al emisor de bullshit “no le importa si las cosas que dice describen la realidad correctamente. Solo las elige o las inventa a fin de que le sirvan para satisfacer su objetivo”. ¿Suena trumpiano o no?

horacio.salazar@milenio.com

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