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Domingo , 27.05.2018 / 21:28 Hoy

El país de las maravillas

El estúpido, los inoperantes y el México real

Horacio Salazar

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Va de cuento. Hace dos semanas, un viajero cometió una estupidez mayúscula. Viajaba de la Ciudad de México a Monterrey, y por lo que gusten y manden, olvidó algo importante en la bolsa del asiento delantero: su iPad.

Por supuesto, ese viajero era yo, que me percaté de mi estupidez media hora después, mientras viajaba a casa entre el trafical a bordo de un taxi. Ah, me dije: usaré el sitio web de Aeroméxico para reportar el asunto.

Mas he aquí que el sitio es más bien un vendedor electrónico, y lo más cercano a algo útil fue una herramienta para chatear con una agente de la aerolínea. Pero después de frustrantes 20 minutos, la señorita no fue capaz siquiera de darme el teléfono de Aeroméxico en el aeropuerto.

Su amabilidad sí alcanzó a darme el conmutador del aeropuerto, donde me dejaron colgado tres veces hasta que opté por otra vía. Le llamé a un compañero de oficina que, sentado frente a una computadora, tenía mejor acceso a mejores recursos.

Resulta que logró hablar con alguien del área de equipajes, y le dijeron que nadie había reportado un iPad en ese vuelo, que seguramente iría en el mismo avión de regreso a México, que levantaba un acta y que en unos minutos me enviarían un correo con el número de acta para darle seguimiento al asunto.

La amabilidad de este segundo agente quedó en eso, porque jamás recibí ningún correo ni número de reporte. Estos fueron los inoperantes.

¿Y el México real? Bueno, puesto que me he resignado a la pérdida estúpida de mi iPad, leo a ese México precisamente en la falta de respuesta a esta situación. Hay varias hipótesis. La primera, más bien improbable, es que el personal de Aeroméxico encontró el aparato y lo reportó, pero alguien prefirió guardar el botín que actuar bien. La segunda, que quizás tiene más visos de credibilidad, es que un pasajero encontró el iPad y lo entregó al personal de Aeroméxico pero en el camino... er, se extravió. La tercera hipótesis, que quisiera creer improbable, es que un pasajero encontró el iPad y optó por incorporarlo a sus activos.

Será el sereno, pero el aparato no ha vuelto a ser activado. Lo sé porque lo tengo registrado en una app para localizar equipos. Ese es el México real, y aunque suene trivial, si pudieron perderse 43 estudiantes y quién sabe cuántos más, ¿cómo no habría de perderse un equipo estúpidamente abandonado en un avión? Suspiro.

horacio.salazar@milenio.com

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