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Martes , 20.11.2018 / 13:52 Hoy

El país de las maravillas

El Congreso de la cuarta transformación

Horacio Salazar

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Creo que la idea de tener tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, tiene el propósito de no concentrar demasiado el poder, sobre todo en un país como el nuestro, con una larga historia de abusos de poder.

El Ejecutivo lleva a cabo los programas, planes y proyectos que configuran el futuro potencial de un país; lo hace dentro de un marco legal regulado por el Legislativo, y las desviaciones de la teoría son, en teoría, corregidas por el Poder Judicial.

Pero este pretendido equilibrio siempre ha sido un horizonte, por muy diversas razones, empezando por la falacia de la representación popular, pero siguiendo con muchas taras asociadas con la moralidad y solvencia intelectual de los protagonistas.

Con la copiosa votación del domingo1 de julio, el pueblo demostró claramente su hartazgo y su confianza abrumadora en la palabra del héroe de Macuspana.

Las cosas serán distintas, prometió el Presidente electo. Y las huestes que votaron por él se tragaron lombriz, anzuelo y hasta el flotador. Y entre conferencias de prensa cotidianas llenas de verbo y buenas intenciones, y en el marco de una incansable defensa: “¡Esperen a que tome posesión!”, iniciamos una larga transición que está evidenciando un Congreso que no es lo que debe.

Ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado se ve cómo el Legislativo pueda ser un contrapeso. Desde la misma toma de protesta alzaron la voz a coro para cantar las glorias de López Obrador. Y ya con sus constancias en la mano, demostraron gran rapidez en vender su curul o su escaño a bajo precio, y en pocas palabras evidenciaron lo peor de lo peor.

López Obrador no tendrá que despeinarse para sacar adelante cualquier iniciativa que salga de su cerebro setentero o que apruebe su dedito, gracias a que la escasa diversidad que había en San Lázaro se mercó feo: cinco legisladores a cambio de un permiso ilegal para un funcionario ilegal.

Si a esto le sumamos circos como el griterío de Fernández Noroña o el sainete de las edecanes y las botanas, entramos en el reino inefable de la memiza. Damas y caballeros: aplaudamos al brazo legislativo de la gerontocracia que viene. Tengamos o no buenas leyes o un Congreso peleonero, al menos tendremos un diluvio de memes.

horacio.salazar@milenio.com



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