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El país de las maravillas

Cinco mandamientos para el nuevo ciudadano

Horacio Salazar

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Para nadie es un secreto que la única manera de acceder al México que creemos merecer pasa por en verdad merecerlo. No llegaremos a sus prados verdes si seguimos en la indolencia, o si solo estiramos la mano para tomarlo porque “ya nos toca”. Ese México de prosperidad, o por lo menos de justicia pareja, no caerá del cielo; tenemos que ganárnoslo a fuerza de sangre, sudor y lágrimas.

Me atrevo a proponer esta modesta lista de cinco mandamientos para el nuevo ciudadano. Si los cumplimos todos, si no hay excepciones y todos cumplimos, hasta yo soy creeré que un día llegaremos a la tierra que mana leche y miel. Van:

1. No escurrirás el bulto. Dice mi gurú Harvey Mackay que una de las cosas más satisfactorias de su vida consiste en participar, en hacer trabajo social. El buen ciudadano es alguien que, lejos de escurrir el bulto, como hicieron muchos a quienes les tocó ser funcionarios de casilla, da el paso al frente por su propia iniciativa, en busca del bien común.

2. Respetarás la diferencia. Aunque parezca raro, el mundo está lleno de gente que no piensa como uno. Y, todavía más raro, esas personas están en su derecho a pensar distinto, a actuar de modo diferente, a ser otros. Y deben poder hacerlo sin que el buen ciudadano les enderece una sarta de improperios y epítetos por atreverse a no compartir la fe.

3. Pagarás tus impuestos. Más de la mitad de los mexicanos económicamente activos se pasan las obligaciones fiscales por el arco del triunfo. Muchos de ellos reclaman indignados por los impuestos que no pagan las grandes empresas, esas villanas. Ah, pero el buen ciudadano no es así: como se le prometió que no subirán los impuestos, está ávido de contribuir a la prosperidad del país pagando su parte.

4. No discriminarás. Esta es otra forma del segundo mandamiento, pero tiene más que ver con la actitud de desprecio activo visible en personas que no son de los buenos. El buen ciudadano respeta por igual a la mujer, al niño, al adulto mayor, al indígena, al ignorante, al inteligente. ¿Discriminar? La sola idea le pesará.

5. No corromperás. Como un eje central de la vida nacional es un no rotundo a la corrupción, el buen ciudadano nunca, ¡pero nunca!, dará un peso para allanar un trámite o librar una multa. Sabe que se necesitan dos para que haya corrupción, y él no será uno de ellos.

¿Estás listo para el nuevo México? ¿Sí?

horacio.salazar@milenio.com

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