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Martes , 25.09.2018 / 16:51 Hoy

El país de las maravillas

2017-09-09

Horacio Salazar

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En México estamos oficialmente de luto. Así lo decretó ayer el presidente Enrique Peña Nieto a medida que crecía el saldo de víctimas del temblor que se dejó sentir minutos antes de la medianoche. Y pese a la tragedia, me atrevo a decir que podemos encontrar lecciones positivas para el futuro.

Mi recuento no es exclusivo. El mismo mandatario dijo antenoche que al menos 50 millones de mexicanos sentimos en vivo el poder de la naturaleza. Así que contaré aquí algo que usted, amable compatriota, también puede platicar a su modo.

Estaba por llegar la medianoche. Como cené tarde, trabajaba en mi computadora para digerir un poco la comida, y estaba tan absorto en lo que hacía que no escuché la alarma sísmica. No era novedad: la víspera andaba yo en un curso, en el quinto piso de un edificio, y tampoco me di cuenta de cuando sonó la alarma. Pero si el sonido del miércoles no tuvo otro efecto que forzarnos a bajar a la calle entre una lluvia de medio pelo, el del jueves tuvo consecuencias más serias.

No escuché la alarma, pero vaya que sentí cuando el edificio empezó a moverse de un lado a otro. ¡Terremoto! Cerré la computadora, me puse la camisa y mientras empezaba a marearme, puse mis teléfonos en la bolsa del pantalón. El minuto y medio se me hizo eterno, y aunque el edificio siguió bamboleándose, me las arreglé para bajar los nueve pisos hasta una calle repleta de inquilinos nerviosos y atemorizados.

¿Me dio miedo? ¡Claro que me dio miedo! A corta distancia del edificio estuvo alguna vez el Regis, un icono de la Ciudad de México, y yo tenía muy presente el modo en que Paco Salazar me contó su experiencia del sismo de 1985. Felizmente, mientras iba bajando al nivel del suelo, me di cuenta de que el edificio rechinaba pero nada se rompía.

Cuando regresamos a nuestras viviendas, solo me quedé unos minutos y luego me fui al periódico, sabiendo que sería una noche larga y que muy pocos acudirían al llamado del deber. En eso me equivoqué, pues muchos de mis compañeros estaban ya en plena cobertura del fenómeno cuando llegué a la redacción.

Algunos de los videos del temblor son muy llamativos, pero me sorprendió la calma con la que México esperó el gradual regreso de los servicios, en donde llegaron a fallar. Muchos se quedaron sin electricidad un rato, si bien en mi departamento ni siquiera se interrumpió el enlace a internet.

Del 85 para acá, México ha aprendido mucho: sobre todo la capital, reconstruida en lo vertical, está ahora mucho mejor preparada (y lo mismo sus ciudadanos) para sobrellevar los inconvenientes de un evento de tanto poder. ¿Verdad que sí?

horacio.salazar@milenio.com

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