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Con todo respeto

Tele-debates: 25 años en deuda social

Horacio Castellanos Herrera

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El segundo debate entre los aspirantes a la presidencia del país resultó aburrido. En gran medida porque no vimos nada nuevo sobre los candidatos y, también, porque el formato no resultó tan ágil ni mejor que el anterior en su contenido. En este segundo debate con todo y que los aspirantes tuvieron nuevos espacios para desenvolverse con mayor soltura, esa oportunidad no trascendió en una mejor visión de ellos sino en un espacio que usaron para acercarse a sus colegas e intentar presionarlos o intimidarlos a base de acusaciones que, en el mejor de los casos, simplemente resultaron faramallosas.

En esta ocasión los candidatos mostraron visos de novedad en ciertos aspectos. Por su parte, Meade tomó el micrófono como cantante y buscó acercamientos hacia las cámaras y el público presente, además de algunos acercamientos a sus colegas durante las réplicas. Asimismo, a Meade también lo vimos bastante incómodo ante las preguntas que le hicieron sobre ciertos casos que relacionaban su actuación en la Secretaría de Hacienda. Y es que en dichos momentos, hasta se le vieron gestos de molestia combinados con respuestas claramente evasivas en torno al tema principal de las preguntas, como fue le caso de la corrupción en las aduanas fronterizas, la inseguridad así como el costo del dólar en dichas zonas comerciales. Aunque hoy dicen que él habría ganado puntos en las encuestas a raíz de su participación ene ste evento, queda la duda de cuál habrá sido el motivo para ganar dichos puntos.

Asimismo, a ya saben quién también le vimos una faceta distinta en este debate, pues ciertamente, aunque en algunos casos volvió a atajar preguntas y temas, también es cierto que se mostró calmo, sereno y especialmente relajado en cuanto a su convivencia con los otros candidatos, a quienes en el debate anterior casi ni los volteaba a ver, mientras que en este segundo debate hasta se permitió chascarrillos, abrazos, hasta la oportunidad de materializar su performance sobre “el robo de su cartera“ por parte de la mafia del poder.

Anaya se mostró como ya lo habíamos visto en el debate anterior: con superfil de estadista y magnífico orador, de arrestos estratégicos discursivos contra sus adversarios y con muy buen timing en sus participaciones. Ciertamente, para algunos, dichas características lo hacen ver más como un tecnócrata moderno, pero a pesar de ello, muy efectivo en su desenvolvimiento en escena y el manejo de mensajes.

En cuanto a la participación de El Bronco, a mi juicio no mostró nada nuevo, por el contrario, tan igual a su participación anterior que con todo y que quizás haya dicho algo nuevo, no se notó. Sin embargo, algo que sí dejó ver es su avejentada visión de país y un discurso nada consciente del entorno contemporáneo de la sociedad mexicana. Ya sea porque su visión es muy local o bien porque de político actual ya no tiene nada, como sea, creo que El Bronco no ganó ni un solo voto esta ocasión porque no tiene más que ofrecer, excepto capitalizar la oportunidad de ser el primer candidato independiente a la presidencia de México, con todo y su controversial registro ante el INE, pero de ahí no va a pasar.

Entre tanto, sobre la actuación del par de comunicadores que condujeron la transmisión, claramente destaca la participación de quien es el mejor candidato a conducir los noticiarios estelares nocturnos del país, y tristemente no tomado en cuenta para ello: León Krauze, quien a pesar de que algunos consideran que su manejo fue protagonista, ello lejos de ser una crítica hace obvio lo influyente y gran comunicador que es. En contraparte, su solega de la noche incurrió en diversas imprecisiones en el manejo de la conducción del formato donde erró la selección de los turnos de los candidatos. Asimismo, en algunas de sus participaciones buscó estructurar preguntas que mezclaron posturas personales con ese estilo sobre-editorializador que lejos de abonar en la búsqueda de respuestas de los candidatos presumían más una postura que una duda razonablemente periodística.

En cuanto a la participación del público en este debate, a mi parecer se quedó a medias la oportunidad de darles el lugar que les corresponde, pues si bien fue una gran novedad tener público en el debate, la forma en que resolvieron canalizar sus preguntas, dándoles un orden numérico e imprimiéndolas en papeles membretados del INE que debían decir “al pie de la letra“ para cumplir con su participación, dejó ver que el órgano electoral no tiene mucha confianza en la legítima participación espontánea de un público ávido de comunicarse sin controles regulatorios, y menos si estos provienen del gobierno.

Sobre la ausencia de Zavala, lo que unico que se notó fue la tremenda périda que en materia de representación perdió el género con su renuncia, aunque al mismo tiempo ello terminó siendo un gran consuelo para un sector femenino a quien no hacía justiicia tal representación, sino todo lo contrario

Vale la pena recordar que al día de hoy, como sociedad hemos presenciado ocho debates de candidatos presidenciales, desde aquel que marcó el principio de ellos en mayo del 94, cuando Zedillo, Cárdenas y Cevallos protagonizaron el primero de la serie. Empero, elmás recordado hasta ahora, fue el ocurrio en el 2000 cuando Fox le dijo a Labastida su célebre“ hoy, hoy-hoy refiriéndose a la necesidad de hacer un cambio político en el país. Y de aquellos entocnes a la fecha, han pasado cerca de 25 años y menos de 10 debates, lo que deja claro que hacen falta muchos más, pero también mucha más cratividad en la definición de sus formatos y, sobre todo, más exigencia a sus participantes en torno al contenido y mensaje que la sociedad merece escuchar de ellos. Veremos qué tal ocurren las cosas en el pr´ximo debate del 12 de junio venidero.

con.todo.respeto@live.com

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