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Jueves , 18.10.2018 / 09:20 Hoy

Con todo respeto

Más vulnerables que antes

Horacio Castellanos Herrera

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El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha definido a la vulnerabilidad humana como un estado de riesgo que puede estar asociado a los ciclos de vida o a condiciones de pobreza, privaciones y desigualdades, que sitúa a las personas y a grupos de población en situaciones de riesgo.

En su informe anual, el PNUD sostiene: "Con frecuencia, estas vulnerabilidades estructurales se manifiestan en profundas desigualdades entre grupos y pobreza generalizada, basadas en una composición de grupos reconocida y establecida desde el punto de vista social. Los pobres, las mujeres, las minorías (étnicas, lingüísticas, religiosas, sexuales o de migrantes), las poblaciones autóctonas, las personas de zonas rurales o remotas o que viven con discapacidades y los países sin litoral o con recursos naturales limitados tienden a hacer frente a barreras comparativamente mayores, en ocasiones de carácter jurídico, a la hora de fomentar las capacidades, ejercer sus opciones y reclamar sus derechos de apoyo y protección en caso de crisis o eventos adversos".

Entre tanto, en México, el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) ha definido a la vulnerabilidad en dos niveles: a) Población vulnerable por carencias sociales: aquella que presenta una o más carencias en la medición multidimensional de la pobreza, pero cuyos ingresos son superiores a la línea del bienestar, y; b) población vulnerable por ingresos: aquella que no presenta carencias sociales pero cuyo ingreso está por debajo de la línea del bienestar.

Existe una discusión en torno a esta definición del Coneval, pues hay expertos que afirman que en realidad, aun sin presentar carencias, el hecho de tener ingresos por debajo de la línea del bienestar, debería llevar a la consideración de las personas en situación de pobreza; lo cual debe sin duda revisarse críticamente, tanto desde la dimensión conceptual hasta la técnica, en lo relativo a su medición.

Con base en el Anexo Estadístico de la medición multidimensional de la pobreza, presentado por el Coneval, el último año había un 72.4% de la población nacional que presentaba al menos una carencia social; esto implica una cifra de 86.8 millones de personas, apenas 100 mil menos que en 2012.

Los resultados de las mediciones del Coneval, muestran además que entre 2010 y 2014 las variaciones son menores. En el primer año referido, el porcentaje de personas no pobres y no vulnerables fue de 19.9%; en 2012 fue de 19.8%: mientras que en 2014 fue de 20.5%; lo cual, estadísticamente, no representa ninguna variación significativa.

Lo anterior significa que entre 2010 y 2014 se mantiene la constante de que únicamente 20 de cada 100 personas en nuestro país son consideradas como no pobres y no vulnerables.

Al respecto, debe considerarse a las niñas y los niños, respecto de quienes se incumple cotidianamente el principio del "Interés Superior de la Niñez". De acuerdo con los datos del Coneval, entre 2010 y 2014 los indicadores de población no pobre y no vulnerable entre las niñas, niños y adolescentes es de 16.9%; 16.4% y 17%, respectivamente; es decir, no hay cambios relevantes en las condiciones de vida de la niñez. En contraste, entre la población mayor de 18 años la población no pobre y no vulnerable en 2014 se ubicó en 22%; es decir, 5 puntos porcentuales por arriba de lo registrado entre los niños.

Para las personas con alguna discapacidad los escenarios de desigualdad se han recrudecido. En la primera mitad de esta década el porcentaje de población no pobre y no vulnerable creció de 11.9%, a 12% y a 13% en el último año. Frente a ese último dato, en 2014, entre las personas sin discapacidad el porcentaje de no pobres y no vulnerables fue de 21%.

La carencia social que mayor rezago presenta es la relativa a la seguridad social, pues hay 70.1 millones de personas en esa condición, lo cual representa al 58.5% del total nacional; un indicador que presenta una muy ligera mejoría respecto de 2012, año en que se situó en 61.2%.

En segundo lugar se encuentra la carencia por acceso a la alimentación, pues en 2014 el indicador se ubicó en 23.4% de la población nacional, indicador igual al que se registró en 2012; pero que en números absolutos representa un incremento de 600 mil personas más respecto de la pasada medición.

En tercer sitio se encuentra la carencia por acceso a servicios sociales básicos en la vivienda (drenaje, agua, etc.), con un indicador que en 2014 se ubicó en 21.2% de la población, y el cual es idéntico al que había en 2012; aunque en números absolutos representó un incremento de 500 mil personas que enfrentan tal carencia. Vale la pena decir que este último indicador resulta inexplicable considerando las multimillonarias inversiones que se supone se llevan a cabo en los estados y municipios, con el financiamiento del Ramo 33. Y qué decir con los préstamos estatales provenientes de la iniciativa privada que, simplemente hoy, suman más de 120 mil millones de pesos.

con.todo.respeto@live.com

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