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Domingo , 19.08.2018 / 12:43 Hoy

Con todo respeto

La nueva política financiera

Horacio Castellanos Herrera

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Con el primer triunfo de la oposición a nivel presidencial en México, hace casi dos décadas, y con la colaboración especial del último mandatario tricolor, Ernesto Zedillo un par de costumbres políticas desaparecieron y otras surgieron. Por una parte, la primera consecuencia de aquel resultado electoral fue la inminente caída del sistema presidencial mexicano donde los hechos y acuerdos políticos de trascendencia eran consumados desde Los Pinos, dictados al "ache" Congreso, y reproducidos "sin chistar' por cada uno de los gobiernos estatales, así fueran del mismo partido en el poder o de uno distinto. En su momento, evidentemente que eso comenzó a ser bien visto, a tal grado que hasta hubo quienes hicieron ver eso como el despertar de la democracia mexicana.

Entre tanto, el efecto de tales ajustes al renovado orden político, dio como resultado que los gobernadores convirtieran la ocasión en una oportunidad para liberarse no solo del presidencialismo dictatorial que los había regido sino, también, convenientemente, para independizarse de una serie de controles y ataduras de orden federal en materia financiera, fiscal y económica, logrando que dichos menesteres, en términos de criterios, regulaciones y autorizaciones, fueran trasladados al orden local de sus entidades, vía sus propios congresos y tesorerías estatales.

Evidentemente, tales acciones tomaron meses y, en algunos casos, hasta años para ver consagrado su nuevo fuero económico, donde el común denominador resultó ser: darle toda la autoridad al gobernador estatal para pedirle al erario nacional su propio presupuesto estatal, así como todas las libertades para usarlo a discreción y, lo más importante: sin rendir cuentas. El modelo era muy claro: tal y como lo habían hecho cada uno de los presidentes del país, pero ahora desde la figura de los gobernadores, en una especie de presidencialismo regional contemporáneo, mejor llamado como la era del "gubernalismo". Y como por arte de magia, rápidamente replicado por todos y sin oposición de alguno otro.

Dicho modelito de autofinanciación económica, en menos de un sexenio les brindó una renovada autonomía financiera, con un gran impacto en el control de su propia política, que a la postre convirtió a la mayoría de los gobernadores en protagonistas de sus estados, ya fuera vía medios de comunicación o desde sus trincheras. Empero, lo que verdaderamente obtuvieron fue una forma de enriquecer a sus propios partidos con miras a garantizar la construcción de sus carreras aspiracionales, ya sea con rumbo la presidencia o los cuerpos legislativos federales, como lo son las diputaciones o las senadurías, espacios que hoy, dicho sea de paso, por ello reflejan un incremento de ex gobernadores en sus curules.

Sin embargo, para el sexenio siguiente de la ahora codiciada era del "gobernacionalista", una nueva característica se añadió al fuero económico dictatorial de sus huestes: manga ancha para solicitar préstamos a la banca privada y con dos características específicas: pagarero a plazos comprendidos entre 5 y 30 años y a través del concepto de Deuda Pública, es decir: con cargo al bolsillo de los habitantes de la región, fueran o no, contribuyentes de la hacienda estatal.

Si bien es cierto que los gobiernos estatales priistas fueron los precursores de dichas estrategias financieras, también es cierto que debido a la flexa regulación de los presupuestos estatales, gobiernos de otros partidos hicieron lo propio. Y todo ello, a la sombra de la era presidencial panista. Empero, si observamos el mapa electoral del país, de los últimos tres sexenios, veríamos cómo el PRI ha sido mayoría en número de gobiernos estatales hasta la fecha, probablemente con una sensible baja luego del 2000 y un par de años después, lo que nos dice, de cierta forma, en qué basaron su idea de unidad y cómo recuperaron la operatividad política con miras a rehacerse de la presidencia.

Tal parece que ante las permisiones gubernamentales de toda índole, y una renovada conveniencia de mitigar tales prácticas que no beneficiaban al presidencialismo, y con las cuentas célebres que los medios han documentado acerca de tales prácticas inconvenientes para el erario, buscarán que a los gobernadores se les reduzcan ciertos privilegios así como su poder de maniobra individual en el manejo presupuestal estatal, pues ciertamente, ningún presidente emanado del PRI y que en verdad quiera tener control de sus gobernadores, necesita que los estados se manejen solos, y muchos menos, que le den de patadas al pesebre. Así es que, en esta arranque de año con miras electo-presidenciales comenzaremos a ver una clara cargada en la reducción de tales prevendas que, entre otras cosas, han hecho tanto daño al erario a través de préstamos e hipotecas estatales que, a fin de cuentas, terminará pagando el país y no sólo el estado deudor. Y esas cifras, incluyen más de seis ceros, se leen en millones y otras hasta están en dólares.

con.todo.respeto@live.com

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