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Jueves , 18.10.2018 / 07:09 Hoy

Con todo respeto

Del día del presidente al día del legislador

Horacio Castellanos Herrera

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Fue hace diez años cuando –sin saberlo-, se entregó el que sería el último informe de gobierno de un presidente de México:

"Honorable Congreso de la Unión:

"En cumplimiento con lo dispuesto por el artículo 69 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, acudo a este Honorable Congreso de la Unión, y hago entrega del Informe Escrito sobre el estado general que guarda la Administración Pública del país (...) Agradezco la invitación que me hace el Poder Legislativo a su acto de apertura del periodo ordinario de sesiones, para dirigirme a los representantes del pueblo de México y a los ciudadanos".

Lo había hecho, también, desde su asunción. Sin embargo, fue el 1ro de septiembre del 2005 cuando aún honroso, Vicente Fox, se placeó lo necesario durante la rendición de sus labores anuales de aquél, su penúltimo año al frente del país.

"Este acto es una oportunidad para mostrar la relación de pleno respeto entre el Legislativo y el Ejecutivo. Haciendo eco de lo expresado por muchos miembros de este Congreso, hoy se pone fin a un rito. Hoy se transforma el sentido de un acto en el que se compilaban y presentaban cifras favorables al gobierno, para lucimiento del Presidente en turno (...) Hace cinco años, las y los mexicanos unimos nuestras voluntades para hacer triunfar a la alternancia. Gracias a esa gesta, nuestro país cuenta ahora con un consenso en favor de la libertad, la equidad y la justicia".

Entonces, Fox daba pie a la historia que hoy se escribe, aunque dicho sea de paso, fueron los legisladores y las constantes disputas entre ambos quienes hicieron lo propio para ello; hacer sucumbir la imagen presidencial del llamado "día del presidente", hoy tristemente mejor conocido como "el día del legislador" o bien, sin más: 10 años del día de un informe presidencial sin presidente.

Entre tanto, con todo y el cambio del formato, hasta ahora, los presidentes en turno (Calderón y Peña) han hecho lo propio: horas después, desde algún otro lugar, pero de modo más cómodo, es decir: en el lugar que más les gusta, en el horario que mejor les viene, y –lo más relevante-, ante el público y los medios que quieren... qué cambió, entonces? El formato, sólo eso. Con todo y que otros, especialmente los legisladores, digan: "sí, pero no lo hace ante nosotros ni ante el Congreso", con todo el significado y simbolismo que ello tiene.

Entre otras cosas, el par de presidentes recientes también han gozado de un beneficio aún mejor: evitar las incómodas interpelaciones que año con año venían ocurriendo, y de modo, cada vez, más irrespetuoso en cuanto a las formas propias del evento, el lugar y la ocasión misma.

Saludo a las ciudadanas y los ciudadanos que integran la quincuagésima octava Legislatura de este Honorable Congreso de la Unión.

Pero, de qué nos perdimos al no haber ocurrido el sexto informe de Fox... quizá, nunca lo sabremos. Lo que sí conocimos y quizás no valoramos fue "el último 6to informe de gobierno presidente mexicano alguno, dictado por el también último presidente de la era hegemónica del PRI: Ernesto Zedillo de León, que en su último informe, al que no llegó Fox, dio visos de la suerte que correría ese día en breve. He aquí una probadita de algunas de sus palabras en ese otro día histórico del recuento de los informes inéditos, a saber:

"No utilizaré esta honrosa oportunidad de acudir a la apertura de sesiones del Congreso de la Unión para resumir o exponer el contenido del informe escrito que recién he entregado. En vez de ello, aprovecharé la valiosa y última oportunidad de hablar desde esta altísima tribuna para ofrecer una reflexión sobre la marcha de nuestra Nación durante el período de mi mandato, y sobre algunos retos que enfrenta el desarrollo de nuestro país (...) Antes que nada me propuse ejercer una Presidencia democrática y republicana, rigurosamente atenida a lo que establecen la Constitución y las leyes.

Por obligación y por convicción, he sido respetuoso de la división de poderes y de nuestro federalismo".

Así las cosas, aún le faltarían un par de líneas aún más emblemáticas:

"He procurado que esta Presidencia no sólo sea democrática, sino que impulse firmemente la democracia en México. Desde el primer día de mi mandato, renuncié a utilizar todo poder extra constitucional antes asociado con la Presidencia. He gobernado consciente de que a lo largo de nuestra historia, el patrimonialismo —esa idea terriblemente equívoca de que la investidura del cargo y hasta los bienes de la Nación son patrimonio de quien gobierna— ha sido la causa de graves desviaciones y abusos. De ahí la decisión de cumplir con mi obligación y ejercer una Presidencia ajena a ese patrimonialismo (...) He cumplido con el deber de percibir como salario, exclusivamente, lo que cada año ha sido aprobado en el presupuesto por la Cámara de Diputados y felizmente seré un ex-Presidente que deberá trabajar para apoyar el sustento de su familia".

Buenos, malos, regulares o simplemente "momentos" para el anecdotario de la clase política y la cultura mexicana, este par de episodios así como el que ahora se cumple, forman parte de la aún convulsionada historia política de nuestro país que no deja de ofrecernos oportunidades para reflexionar, y por qué no, también, para recordar... tal y como lo hará el presidente actual, en los próximos años, al ver en su amplísimo archivo de selfies y transmisiones en periscope, todo aquello de hizo mientras dejaba de hacer otras cosas, digamos, más relevantes que sumar followers en sus redes sociales.

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