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Relatos de andar y ver en bici

De Kinvarra a Galway

Hernán Ramos Cobo

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En Kinvarra despertamos con la noticia de que ese día estaríamos armando taquiza para la comunidad mexicana en Galway, gracias al apoyo del cónsul honorario de México por ese litoral. Preparamos maletas y salimos en camino hacia esta ciudad estudiantil del Atlántico, donde pasaríamos dos noches, es decir, tomaríamos un descanso de un día justo a la mitad del recorrido.


En los viajes en bicicleta, lo importante es salir temprano (o al menos intentar), para lograr que el día rinda lo más posible. En ese sentido, Irlanda en verano fue una opción ideal. La tarde es infinita. 


Existe tiempo hasta para tomar el té.


Estas cosas vamos pensando en la carretera cuando de pronto pasamos por una glorieta majestuosa, con una gran canoa en su centro, lucía pletórica. Este tipo de canoas pertenecen al mar atlántico irlandés desde época milenaria. Son conocidas como Currach. Eran hechas con estructura de un tipo de mecate, que también le podríamos llamar mimbre. 


La equivalencia es wicker work. Luego lo forraban con pieles de animales. El resultado, una embarcación que luce filuda y potente. Nos hicimos esta foto.


Camino norte a Galway, carretera 458, en el pueblo de Kilcolgan hay una desviación a un sitio que se llama Moran’s. 


Nos lo había recomendado nuestro buen amigo Dara. Se trata de un restaurante marisquero, sabroso, a la orilla del río. 


Llegamos ahí porque teníamos toda la intención de crashar la cocina de estos amigos, y ver qué tipo de historia se podía armar. Al final no logramos el propósito. Lo que si pasó es que entre la gente se corrió la voz de que andábamos cargando una excelente salsa, hecha a base de aceite y chile de árbol. A la media hora la salsa pasaba de mesa en mesa por todo el recinto, mientras de fondo la bocina que acompaña nuestra aventura, tocaba unos buenos corridos norteños.


Tenemos que acelerar el paso, si es que esto es posible, ya que hay taquiza en Galway en la tarde. Llegamos a la playa de Salthill y ya estaba la banda Mexa esperándonos. Nuestro Cónsul Honorario, había hablado ya con los salvavidas de la playa, los cuales habitan en una caseta muy simpática color naranjillo. Con ellos había acordado la ubicación en donde se armaría el guateque. Echamos a andar el carbón y nos lanzamos por unos bistés. La banda mexicana se organizó 2 veinticuatros. De rato, empezaron a la salir las primeras rondas, burrito de res con queso, en tortilla de harina de Chihuahua, limón y la misma salsona que nos acompañaría todo el recorrido. 


 Ya no estábamos imaginándonos cosas chingonas por que Brasil nos había dado ya en la madre, pero igual se puso buena la historia, y se terminó bailando algo de cumbia.


Como empezaba a ser costumbre ya en el viaje, no teníamos sitio donde dormir y ya era de noche en Galway. Airbnb agotado. Otra vez ese maldito letrero de no vacancy. Puerta a puerta de cada B&B y nada. De pronto se abrió una reserva que andábamos cazando por uno de estos sitios de booking que están muy de moda. 


Estaba a un kilómetro de distancia, por lo que rodamos muy contentos en dirección al hotel. Un baño rápido porque el tiempo es oro, y al pub, a escuchar música tradicional y platicar con la banda irlandesa, costumbre que se adopta desde el primer día, y ya no se suelta. 


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