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Domingo , 22.07.2018 / 02:12 Hoy

Ante el espejo

Tetralogía Liebe

Hernán Mejía López

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En estos tiempos de posmodernidad mexicana nos encontramos ante la más urgente necesidad nacional, la insoslayable bondad de cultivar la cultura que nuestra sociedad imperiosamente requiere; pues es la ausencia de instrucción y la deficiencia de educación las que colocan a las personas en un vacío de espíritu y pobreza del alma. En este dos mil dieciséis se estarán cumpliendo ciento cuarenta años del estreno de la magnífica tetralogía "El Anillo del Nibelungo (El oro del Rin, La Walkyria, Sigfrido y El ocaso de los Dioses)". Generada por una de las mentes más brillantes de su tiempo, todo un "médium" de la cultura del siglo XIX; el mago de Bayreuth.

Muy probablemente Richard Wagner sea el último trágico popular de eminente calidad, su importancia literal, poética, musical, etc. es cada vez más trascendental al paso de los años, su raigambre popular como "arte total" se ha diseminado por doquier; podemos decir sin especulaciones que no tiene sucesor. El tiempo ha permitido apreciar y socializar el embellecimiento de las líneas vocales y orquestales del genio de Wagner, muchas veces de comprensión inalcanzable para las mentes mediocres; pues la vida, obra y el siglo wagnerianos no son tema menor. Los clásicos se nos presentan como repentinas revelaciones de modernidad, así el "anillo" que es causa fatal de la ascensión y caída de los dioses, de la inflexión del amor, de la transformación humana, etc. es todo un tren de fuerza que sigue posibilitando sociedades futuras.

El arcoíris, el fuego mágico, el oro, el horizonte ardiendo, etc., son atmósferas míticas de crepúsculos luminiscentes y ocasos oscuros que desbordan la encarnación de la lucha por la vida, con aplomo nos demuestran una personalidad de extraños humores y vigorosas empatías; esta tetralogía que junto con "El Holandés Errante, Tannhauser y Lohengrin" es oxígeno puro para la idealidad humana que aprecia y reconoce lo bueno, pues la comunidad wagneriana requiere perplejidad e hilaridad, estirpe divina, tesoros ideales que poseen y son propietarias de canciones, poemas, actuaciones, etc., que purifican y regeneran el sacrificio del héroe que nos salva dándonos un nuevo renacer y poder contemplar una nueva visión de la existencia.

Toda esta teoría estética: música, danza, retórica, escultura, pintura, mimo, etc. son una demostración de la belleza y hermosura que muchas veces no puede llegar a ser pensada sino únicamente sentidas por la motivación del amor como el de "H y Lala -Liebe gibt Lust zum Leben (el amor da alegría de vivir)-". Que quede claro, la obra wagneriana inspira, motiva e irradia pues nos despierta admiración y asombro sin límites y nos arroja resultados amorosos, insospechados e insuperables, es la gloria y la magnificencia del hombre nuevo y la mujer bella, es decir, el sacrificio del héroe y la redención de la mujer. Esto demuestra una vez más el juramento de la "hermandad de sangre" que se funde en una sola, pues la tetralogía wagneriana son obra eterna que nos transporta "laureana ó marinamente" en: "Vosotros, perenne estirpe de floreciente vida".

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