• Regístrate
Estás leyendo: Las palabras y las cosas
Comparte esta noticia
Lunes , 20.08.2018 / 05:09 Hoy

Ante el espejo

Las palabras y las cosas

Hernán Mejía López

Publicidad
Publicidad

¿Qué es una cosa?: una sensación, una representación, una imagen, entre un concepto y un hecho (factum). Las cosas por si mismas no son, requieren una representación, un ojo que las calcule, sopese, sienta, relacione, señale, valore, niegue.

No existe la cosa en sí, al menos no, como un hecho, sino sólo como una idea, es decir, como mero concepto, sin relación alguna con el factum, aunque pueda derivar de éste como una síntesis o abstracción.

Las cosas surgen, como simples relaciones, es decir, comparativas (más, grande o pequeña), de distancia (aquí, allá, arriba), axiológicamente (buenas o malas).

Su relación solo es posible en un uso determinado, práctico, o contextual, aquí, ahora, ayer, mañana. Las cosas son meras maquetas, neutras, sin valor alguno, ni buenas ni malas, cobran su ser, en el uso que se dé de ellas, su finalidad práctica que no es única, sino que pude cambiar de un momento a otro de acuerdo a su usanza será su sentido, es decir "son" a partir del sentido de uso y no antes de éste.

Esta hoja, es la relación entre el objeto que señalo y la palabra que la nombra, pero eso que llamo hoja en sí, no lo sé, solo conozco el sonido que emito de ella, la misma tiene varios usos como sentido o concepciones, y nunca uno solo, fortuitamente ahí el encuentro de lo nombrado.

La columna que escribo, convertida en difusión, es solo uno de sus usos o sentidos, buena o mala solo lo determinará la concepción moral que tengamos de ella. Así, no es posible un ser en sí, al modo de Sartre.

Un mundo sin hombres que lo perciban no es posible, y un lugar donde no existan cosas, sino únicamente una mente aislada sin ellas, tampoco. Cosas y hombre, conforman lo que llamamos mundo, una unidad de dos, de relación entre las cosas y el hombre.

Dos situaciones se dan en el mundo: las cosas y lo que pensamos de ellas. No es posible la sustancialización. No digo, que las cosas sean estado de la materia fijamente hechas, de las que difieren una de otra, tampoco que todas sean lo mismo, sólo digo que llegan a ser tales en cuanto las registramos mediante un uso o una relación.

Este pliego cuando lo uso adquiere valor porque esa es la razón de que las cosas existan, y no la presencia única entre la cosa y el ojo que la percibe (al modo del trascendentalismo kantiano).

El mundo se da cuando el otro aparece en mi mundo que surge de la periferia hacia el centro, a la inversa solo se da en los dioses, un ojo autosuficiente no necesita necesariamente al otro para llegar a ser, no es posible la existencia de esta manera. De esta forma, el otro es necesario para la autoconciencia que es conocimiento de sí y del mundo por medio de las relaciones.

Concluimos, que la filosofía busca verdades, pasa de la subjetividad a una sistematización objetiva del saber, nos referimos a la institucionalización de las palabras y las cosas. Más allá de las emociones y pensamientos envueltos en la genealogía del lenguaje, con el fin de detectar identidades sociales, resistencias comunes que involucran a todos, ya sea por redes densas o tenues. Poder es sinónimo de saber parafraseando a Foucault, la producción de este poder saber implica quien lo detenta y quienes lo sufren.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.