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Viernes , 25.05.2018 / 19:54 Hoy

Ante el espejo

El universo de la poesía

Hernán Mejía López

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Desde que el ser humano se halla dotado de "episteme" –razón-, siempre lo ha acompañado el "logos" –la palabra-, sin embargo, en su evolución, a su instinto jamás lo han abandonado ni emociones ni sentimientos. Cerebro y corazón son un "speculum" –espejo- de su imaginación y/o fantasía que se funden en la poesía. Pero si realmente queremos experimentarla, dándole ingeniería del pensamiento y arquitectura del sentido, es necesario existir. Y el único camino posible es a través de la Poesía en cordialidad con el amor, la felicidad, el placer, la satisfacción, etc., como éxtasis que desgarran o arrobamientos que acarician.

El primer enemigo de la poesía es buscarle significados ya que, no busca camino, lo inventa, se crea y recrea infinitamente al ejercerse. Unidad de creación ante el mundo, adecuación para el hombre, pero sobre todo es unidad de donación para sí mismo y permite la posesión de los sentidos así como el dominio de la razón, en fin, es salir al encuentro, sentir las cosas, pensarse a sí mismo. Alma que piensa y cuerpo que siente en estado de naturaleza originaria que se proyectan hacia el futuro. Alma que descifra el tiempo, cuerpo que codifica el espacio como ciencia estricta o saber mundano. Pues espacio y tiempo son dos categorías iniciales y últimas del universo cohabitado por el ser humano. Unos fascinados por el espacio, otros atraídos por el tiempo o bien indiferentemente. Es el sentir, que muchas veces equivale a nuestro entender, el sentir entiende y el entender siente.

El hombre desea por naturaleza saber, pero muchas veces más percibir; hablo del instinto sexual; discursivo; sentimental; instrumental: miedos y temores, sentir práctico: conciencia. Conocimientos de salvación, entre la oscuridad absoluta a la claridad infinita, así, la poesía se funde en sí misma, sentimiento, pensamiento y lenguaje. Siempre a través del corazón y de él a través del alma. El poeta no tiene método, mucho menos ética. Reconocer es acordarse, y acordarse es identificarse en lo que es, esperanza eterna. La metáfora de la vida poética, de la paternidad que ampara y de la maternidad que legitima un universo de posibilidades; contemplación especulativa de la vida.

Los cantos y escritos poéticos no envejecen y nos damos cuenta que el auténtico humano entrega su vida por sí: por todo o nada. Historia y poesía; poesía y humanos se entrelazan como acorde artístico. Para pensar desde la conciencia, sentir sin piedad; definirle al hombre su realidad sin limitarlo a su propia sombra; una inteligencia en estado de gracia, bajo categorías de lo sagrado. La "razón poética" es indecible belleza de querer ser, como vértigo entre el deber ser y las masas, a fin de poseerse. Pues vivir es convivir. La poesía no pide, ésta entrega –vía el poeta- lo divino, lo inmortal y eterno. La poesía busca porque se siente incompleta y necesita llenarse, conquistarse de belleza y creación, para redimir la carne a través del amor.

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