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Domingo , 23.09.2018 / 18:05 Hoy

Ante el espejo

El atila del sur

Hernán Mejía López

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El pasado diez de abril se cumplieron 97 años del asesinato de uno de los personajes más grandes para el pueblo de México: Emiliano Zapata Salazar, agricultor, ganadero (experto en caballos), charro y militar mexicano; son solo algunas de las actividades, facetas y pasiones que a lo largo de su muy efímera pero trascendental existencia desempeñó esta auténtica leyenda viva entre nosotros. Ninguna otra figura del movimiento revolucionario sigue causando tanta inspiración ideológica e impacto cultural en la posmodernidad como él, solo el gran Francisco Villa le es equiparable; ocupa sin duda alguna un lugar privilegiado en nuestra memoria.

Paradojas de nuestra historia, el tiempo ha invertido los papeles: "vencidos por vencedores y vencedores por vencidos". Los revolucionarios que en vida traicionaron, ultimaron y vencieron (militar y políticamente hablando) ahora su obra y vida se miran, si no olvidada, sí muy empequeñecida por los ahora gigantes –como Zapata y Villa- que en el pasado fueron derrotados. Regla de vida: "el tiempo nos pone a todos en nuestro lugar". Para fortuna nuestra sobre Zapata y el Zapatismo se ha estudiado e investigado mucho, sin embargo, los resultados demuestran que se ha practicado y hecho poco; es tarea de todos que su lucha no se olvide.

Vale la pena recordar algunos datos biográficos de la familia de Zapata para comprenderlo mejor, pues ellos fueron -a través de sus usos, costumbres y servidumbres- en gran parte su motor para ingresar a la lucha armada, además de las injusticias y vejaciones sufridas: su padre Gabriel y su madre Cleofás, de su hermano mayor Eufemio y de sus dos hermanas María de Jesús y María de la Luz. Zapata como buen mexicano de la época además de estar casado con su esposa Josefa Espejo, tuvo relación sentimental con otras 9 mujeres y procreó hijos con casi todas ellas. A Zapata –el Charro- le faltaba el dedo meñique de la mano derecha, pues se le chispó al ejecutar una famosa suerte charra.

En fin, uno de los aspectos más relevantes del gran legado que no debemos de olvidar jamás del "Jefe Miliano" como solía decírsele, y de uno de sus generales e ideólogos Otilio E. Montaño es el "Plan de Ayala" y la exigencia de la devolución de las tierras, montes y aguas a los pueblos y ciudadanos mexicanos despojados por la justicia venal, mala fe, opresión, usurpación, etc. de los hacendados, científicos y caciques. Particularmente el punto siete señala que "En virtud de que la inmensa mayoría... no son más dueños que del terreno que pisan sin poder mejorar en nada su condición social ni poder dedicarse a la industria o a la agricultura, por estar monopolizadas en unas cuantas manos..." demuestra el más legítimo derecho del agrarismo enarbolado por Zapata, ese hombre que con menos de treinta años fue llamado por los "jefes supremos" de su comunidad para ser nombrado "Líder", y enseñarle todas y cada una de las teorías y prácticas culturales de su pueblo; y en caso de ser necesario defenderlo.

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