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Martes , 17.07.2018 / 01:25 Hoy

Ante el espejo

Con clase

Hernán Mejía López

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Como nunca antes nuestra civilización posmoderna tiene a su alcance absolutamente todo lo virtuoso de la vida como la salud, la alegría y la prosperidad; sin embargo, esto es inversamente proporcional a los vicios y males de siempre que también se niegan a abandonar del todo a la humanidad. Que quede claro que solo reconocemos por "fortuna y riqueza" a los "principios y valores" que distinguen con "trascendencia e inmanencia" a las "personas eminentes" del resto de nuestros semejantes. Que se oiga fuerte y se escuche todavía más lejos que la verdadera desigualdad y la auténtica pobreza no son la carencia de recursos económicos, sino la evidencia fehaciente de ignorancia científica, técnica, intelectual o popular; que provocan la estupidez, imbecilidad e idiotez humana.

Lamentablemente las creencias no necesitan ser coherentes, (razonables-racionales) o lógicas para ser creíbles por la gente ordinaria o mediocre basta que permeen o se diseminen para "creerse" sean éstas falsas, subjetivas o fútiles; son tendencias muchas veces carentes de esencia que dominan una frívola apariencia. Por el contrario "la clase" implica una política de ésta, es decir, un "estilo" que demuestra a las "personas eminentes" por medio de su elevada, profunda y amplia instrucción educativa en ciencias, artes y técnicas: filosofía, teología, música, pintura, teatro, danza, entre muchas otras, y las coloca más allá del bien y del mal; pues "la clase" es sinónimo de elegancia o de lujo que no caduca jamás ya que no es una moda pasajera sino un estilo intelectual o popular que madura con el tiempo y se refina cada vez más.

La auténtica y verdadera "élite de clase y estilo" se aleja de la apatía, indiferencia y frivolidad cuyas formas de seducción aparente y pueril nos distancian de la convicción de las esencias estéticas; lo que es sinónimo de narcisismo, frustración y traumas que no solo agotan el espíritu sino que derrumban expansivamente el alma. Por el contrario, "la clase y su estilo" implican formas y maneras de exquisitez que imponen porque derriten, persuaden porque seducen y convencen a todo el entramado social; la vitalidad del "Ser" y de los "Entes" irradia el tiempo y el espacio de la vida colectiva como bono cultural que obliga y exige imitación de hábitos que transforman para bien las costumbres y tradiciones.

"La clase, el estilo y su elegancia" son un lujo que sintetiza glamour, cadencia, fineza, armonía, etc; son solo válidas cuando la instrucción y la educación fundan y motivan todo origen y destino de virtud y don bondadoso para nuestros semejantes. "Avec de la classe" rechaza el hedonismo, fetichismo, voyerismo, etc. que erosiona la identidad ideológica de las personas, así pues "avec de la classe" es un "aggiornamento" de actuar, comportarse y reflejarse por reglas correctas, debidas y objetivas, es decir, poner el ejemplo.

El más excelso estilo que demuestra la pulcritud de la clase y élite humana se encuentra en la inspiración del Amor "marino y laureano" que profesa "H" por doquier en su apostolado estético y moral.

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