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El Manubrio

Una muerte injusta, incomprensible

Héctor Zamarrón

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Sentado a bordo de su Mercedes Benz negro, Sergio Rodríguez, profesor de la UNAM de 27 años de edad, aguardaba el cambio de luz en el semáforo para avanzar. Eran las 7:41 horas del sábado 27 de octubre en Coyoacán. Tenía una cita en Ciudad Universitaria con su asesor para revisar los avances de su tesis de doctorado.

Eran sus últimos momentos con vida. Unos segundos más tarde murió impactado por un joven casi de su edad, quien a toda velocidad irrumpió sobre la calle de Centenario a bordo de una camioneta pick up y golpeó por detrás a Sergio y a otros dos vehículos.

Fue una muerte instantánea, incomprensible, en un crucero de tránsito calmado, frente a la gasolinería de Belisario Domínguez y a una escuela, lo que obliga a manejar a no más de 20 kilómetros por hora, con un par de reductores de velocidad 50 metros antes. Solo el alcohol explicaría esos hechos.

Tampoco hay consecuencias. El responsable, Gonzalo Pérez Morales, de 29 años, sí fue vinculado a proceso pero el juez decidió dejarlo en libertad y no concedió al Ministerio Público calificar el homicidio como doloso. En la elaboración del juzgador, el conductor de la camioneta no tenía intención de matar a Sergio.

La única sanción será acudir cada dos semanas a firmar en lo que termina la investigación. De nada sirve el video de las cámaras del Centro de Monitoreo C5 que muestran cómo el vehículo se aproxima a toda velocidad contra los autos detenidos sin que el conductor intente siquiera bajar
la velocidad.

El juez de Control en el Reclusorio Oriente, Enrique Juárez , juez 67 de lo penal en CdMx, no halló dolo en su conducta. Sus maestros de derecho en la UNAM, el Inacipe, la Universidad Autónoma de Barcelona, la UAM y el Instituto de Estudios Judiciales del TSJ capitalino no le enseñaron nada sobre las consecuencias mortales de la velocidad. Como si no existiera el libre albedrío al pisar el acelerador, sabiendo las consecuencias de ello.

Incluso, hasta la licencia del culpable se encuentra vigente. Gonzalo podría volver a conducir otro vehículo y provocar otra tragedia. Es una muestra de cómo estamos como sociedad frente a la velocidad y el conducir bajo los efectos del alcohol en México, con una tolerancia social pasmosa, indignante.

En la capital del país cualquier mayor de edad puede conducir un vehículo de dos o tres toneladas de acero sin la menor preparación, solo tiene que pagar su licencia. No hay exámenes, ni de conocimiento de las reglas de tránsito, ni visuales, ni médicos. Casi como si la licencia saliera de regalo en la caja del cereal.

Aún así el próximo gobierno no ha dicho si regresará los exámenes para obtener la licencia de manejo e incluso analiza aumentar las velocidades, reducir las restricciones y eliminar las fotomultas.

La próxima semana Claudia Sheinbaum, Adrián Lajous y Florencia Serranía darán a conocer su propuesta de movilidad. Ojalá volteen a ver lo que ocurre en realidad en las calles y no se queden con las quejas de los automovilistas en las redes sociales.

hector.zamarron@milenio.com
@hzamarron

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