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Miércoles , 19.09.2018 / 20:02 Hoy

El Manubrio

Peña y el Metro, promesa incumplida

Héctor Zamarrón

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Cada que escucho de otro asalto o asesinato en los microbuses que vienen de Ecatepec o Chalco hacia Ciudad de México recuerdo una promesa que el presidente Enrique Peña Nieto hizo en 2014 y que no cumplirá: no hay ni tiempo ni dinero.

En 2014, junto al Nuevo Aeropuerto, Peña anunció que el Metro de CdMx se ampliaría en 43 kilómetros, un crecimiento de 20 por ciento en su red de 226 kilómetros.

De entonces para acá su gobierno solo cumplió con la ampliación de la L9. Ninguno de sus presupuestos desde entonces incluyó recursos para ampliar la ruta de Martín Carrera a Ecatepec o para crecer la Línea A hacia Chalco.

No fue dinero lo que faltó para cumplir con esas ofertas, fue una elección: prefirieron gastar en obras carreteras.

En vez de Metro, se eligió "ampliar y modernizar los accesos carreteros hacia Ciudad de México", 12 obras que en total costaron 40 mil millones de pesos.

Entre ellas, duplicar de 6 a 12 los carriles de 14 kilómetros de la salida a Puebla, es decir, optaron por modernizar el embudo para llegar más rápido al tráfico eterno de avenida Zaragoza.

Construir un kilómetro de Metro cuesta alrededor de mil millones de pesos, con ese presupuesto hubiera alcanzado bien para construir 40 km para conectar Ecatepec y Chalco.

O también habría alcanzado para la propuesta que en 2014 hizo el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo de construir 29 rutas de Metrobús y Mexibús en el valle de México: una red de transporte público de 500 km en beneficio de 7.5 millones de personas (bit.ly/MetrobusMexibus).

Pero no, se privilegió hacer carreteras y autopistas en vez de dirigir recursos al transporte público del Edomex justo donde los asaltos y asesinatos a bordo de los microbuses son el pan cotidiano.

¿Qué tanto podemos censurar a Enrique Peña Nieto, Gerardo Ruiz Esparza o Miguel Ángel Mancera por esas decisiones?

Tanto como a Fox, Calderón, López Obrador y Ebrard que en su momento también apostaron por obras para el automóvil. Así lo exigía el paradigma dominante.

Hoy sabemos que importa más mover personas que automóviles y de ahí que nos toque preguntar ¿cuál es el modo más eficiente de movernos, en qué vale la pena invertir, quién decidirá la inversión, cómo vamos a participar en ellas?

El paradigma que ha dominado en las últimas décadas al mundo entero va de salida. Démosle de patadas para que se vaya más rápido.

hector.zamarron@milenio.com
@hzamarron

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