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El Manubrio

No hablemos más de ciclistas muertos

Héctor Zamarrón

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Hoy murió a otro joven en bici, tenía 20 años y fue atropellado por un tráiler en Iztapalapa. Es el quinto del año y no será el último. La muerte vial es una de esas terribles formas de morir en nuestras ciudades. Lo consigno, como dato, pero no quiero hablar más de ciclistas muertos.

La primera vez que lo hice fue cuando me enteré de la muerte de Liliana Castillo, una ilustradora veinteañera que murió arrollada por un joven con prisa en la avenida Universidad, hace ocho años.

En su memoria se colocó la primera bicicleta blanca en Ciudad de México, una ghost bike, como parte de un movimiento para honrar a las víctimas viales, para recordarles a los conductores lo frágil que es un peatón, un ciclista.

Tampoco quiere decir que no seguiré impulsando a la bicicleta como una gran opción de movilidad (una modesta alternativa al transporte público, que es lo que de verdad requerimos).

Solo que lo haré de otra manera, más creativa. Como lo hace Mikael Colville-Andersen, un cineasta y diseñador urbano que estuvo en la capital del país la semana pasada para filmar un episodio de The Life Sized City, la serie impulsada por la televisión pública de Ontario.

Él propone copiar las técnicas de marketing que emplean las automotrices, cuyos publicistas nunca hablan de los peligros del automóvil ni de las muertes que genera o sus costos ambientales.

Propone evitar lo negativo con lo que se asocia el ciclismo urbano, palabras como “difícil”, “peligroso”, “caro”, “sudor” y “subcultural”.

Hay que enfocarse en lo positivo. La bicicleta es un producto fantástico para los individuos y la ciudad. Hay que enviar señales de que las bicicletas son normales y aceptadas, además de baratas.

Dar a los tomadores de decisiones argumentos en favor de la bicicleta urbana: ahorros en salud, horas-hombre, vidas, mantenimiento urbano, calidad de vida para sus habitantes, revitalización de áreas urbanas, etc.

En la medida en que las calles se llenen de bicis, las muertes bajarán. En Nueva York redujeron el riesgo promedio de sufrir un accidente serio en bici a 72% en lo que va del siglo.

Es radical, pero no hay otra opción. Dejemos de hablar de peligros y muertes y hablemos del disfrute de la vida a bordo de una bicicleta.

hector.zamarron@milenio.com
@hzamarron

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