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Martes , 23.10.2018 / 05:32 Hoy

El Manubrio

Las 9 multas de AMLO

Héctor Zamarrón

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Con espanto apenas contenido mis colegas ven la multitud que rodea el automóvil Jetta de Andrés Manuel López Obrador a su llegada al Palacio Nacional. Se asustan, pero cómo se expone así, exclaman; es un “irresponsable”, se olvida que ya no es candidato.

Se horrorizan antes las decenas o cientos de ciudadanos que en busca de una selfie, de un saludo o un abrazo se mezclan con la prensa que acompaña al líder de Morena.

Colocado en el extremo opuesto, celebro ese espectáculo de las primeras horas de la transición en que cientos de espontáneos quieren acercarse a un político que ven cercano, aunque en el camino abollen el Jetta que ya acumula nueve violaciones al reglamento de tránsito.

Prefiero un mandatario ciudadano, ajeno al boato que seduce a muchos políticos que no se bajan de la Suburban, que se rodean de guaruras y blindados y terminan desconectados de la realidad.

Son las élites capturadas, como las define quien será subsecretario de Egresos en el próximo gobierno, Gerardo Esquivel.

Élites que a fuerza de privilegios terminaron por responder solo a los intereses de la clase dominante y se perdieron entre seguros de retiro, de gastos médicos, bonos, pago de celulares, gasolina, viáticos, hoteles, vuelos y hasta el súper facturado, como ha hecho Layda Sansores.

El caso más ejemplar es un David Korenfeld, ex titular de la Conagua, que terminó por usar el helicóptero oficial como su nave particular, pero la lista es abundante.

Los niveles de abuso y corrupción a los que llegaron terminaron por generar una nueva casta burocrática que, anidada en la administración pública, solo acentúa la desigualdad que ya de por sí sufre México.

Por eso un poco de austeridad parece tanto frente al exceso, por eso el recambio de funcionarios quizá frene el abuso.

López Obrador ya fue Jefe de Gobierno, ya tuvo un cuerpo de seguridad y lleva 18 años viajando por el país sin parafernalia, así que pronto resolverá el tema de la seguridad personal sin los extremos del pasado.

Me importa más que comience por exigirle a su chofer que cumpla con la ley, por ejemplo, y que deje de violar las normas de tránsito –o que promueva un cambio si no le gustan—porque por ahí se empieza, como él mismo lo dijo, “nadie por encima de la ley”. 

hector.zamarron@milenio.com
@hzamarron

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