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Miércoles , 14.11.2018 / 04:14 Hoy

El Manubrio

Dos ciudades

Héctor Zamarrón

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“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación…”.

Así comienza Dickens su Historia de dos ciudades, donde analiza lo que ocurría en París en plena Revolución francesa y lo contrastaba con su querida Londres. Así también podemos hablar de lo que sucede en cuanto a movilidad y vivienda entre CdMx y el Estado de México, donde ambas fueron las primeras víctimas de la democracia pospriista.

Con la alternancia política en 1997, el Metro dejó de crecer fuera de los límites del entonces Distrito Federal y a la fecha solo hay una vía que entra a Ecatepec, construida a finales de los 90. Excepto el Tren Suburbano a Cuautitlán y el interurbano a Toluca, no se construyeron más trenes o corredores de transporte masivo. En estudios quedaron los proyectos de Martín Carrera-Apan o el de La Paz-Amecameca, y las promesas del actual Presidente.

Desde entonces cada gobierno manejó como coto privado el transporte y la vivienda. El resultado ha sido desastroso para los millones que todos los días hacen el viaje de ida y vuelta entre esas ciudades dormitorio y sus centros de trabajo o escuelas en la capital.

El mejor ejemplo es el infierno del Centro de Transferencia Modal de Indios Verdes, aunque quizá eso sea solo el purgatorio ante la inseguridad que padecen los pasajeros que viajan por la autopista a Pachuca o en la avenida López Portillo, orillados a llevar dos carteras o celulares, por no hablar de los asesinatos o las violaciones.

Es la cosecha de las fallidas políticas de vivienda que urbanizaron sin piedad Zumpango, Chicoloapan, Coacalco, Tultepec e Ixtapaluca, purgatorios suburbanos llenos de rejas, faltos de servicios y donde la vida cotidiana es una lucha por sobrevivir.

Los habitantes de la “zona conurbada” viven en el peor de los mundos posibles. En el estado del miedo. Por eso cuando hablamos de transporte y movilidad en esas zonas tenemos que hablar de desigualdad, de violencia, de abuso, de corrupción, de un modelo caduco que urge cambiar.

Dickens narraba con horror y maestría lo que sucedía en el París revolucionario a finales del siglo XVIII, hoy nos hace falta un escritor así dotado para narrar cómo es vivir en la “zona conurbada”.

Nos hace falta nuestra Historia de dos ciudades.

hector.zamarron@milenio.com
@hzamarron

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