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Miércoles , 16.01.2019 / 06:27 Hoy

Sentido contrario

Miller revivido

Héctor Rivera

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Hace un par de años la revista Vanity Fair publicó, bajo el título “Queridísimo papá: 11 hombres que no deberían celebrar el día del padre”, uno de esos pequeños reportajes de escritorio que parecen inofensivos pero que dejan raspadas y sangrantes las imágenes de algunas celebridades. Daba cuenta de los malos humores y de las maldades de casi una docena de padres famosos que hicieron pedazos la vida de sus hijos a golpes, a balazos, a patadas, con burlas, abandonos, insultos y abusos. Entre otros, figuraban en su lista Donald Trump, Michael Jackson, Alec Baldwin, Ryan O’Neal y el dramaturgo estadunidense Arthur Miller.

La publicación, que ha tenido sus encontronazos con el presidente de Estados Unidos, suele prenderse de la yugular de ciertos personajes. Trump es uno de ellos, lo mismo que Jackson. Miller también. Hace poco más de 10 años, en septiembre de 2007, la revista dejó a medio mundo con la boca abierta cuando publicó un reportaje en el que revelaba que el maestro del realismo había tenido en 1966 un hijo con síndrome de Down, Daniel, al que había entregado a una casa de asistencia apenas unos días después de nacido. No tuvo en su momento ni la fuerza ni la voluntad para hacerle frente a una situación que era entonces más difícil que ahora. De nada habrían valido los ruegos ni las exigencias de la fotógrafa Inge Morath, la última esposa del laureado escritor. Miller simplemente se negó desde entonces a tener a su lado a su hijo. Y no solo eso. También lo borró del mapa. Nunca habló de él, ni lo mencionó en sus entrevistas o en su exitoso libro de memorias Vueltas al tiempo, publicado en 1987, ni escribió sobre él ni lo convirtió en personaje de su dramaturgia. Como si no existiera. Cuando Morath acudía a las visitas dominicales, él se quedaba en casa. No había poder humano que lo acercara a un hijo que creció lejos de su padre, en una institución algo siniestra.

Carismático, multipremiado, el autor de obras notables como Todos eran mis hijos, La muerte de un viajante, Panorama desde el puente y Las brujas de Salem, entre muchas otras, hacía referencia a menudo en sus textos dramáticos a los sucesos sociopolíticos de su país y de su vida personal. Atento al pulso de los estadunidenses, en particular de los ciudadanos de los estratos más bajos de la sociedad, destacó por sus agudas críticas a un sistema de vida que lastraba a muchos. Respetado y admirado como influyente figura moral, alzó su voz para cuestionar la cacería de brujas del siniestro senador republicano Joseph McCarthy y para oponerse a la guerra en Vietnam, de manera que la historia divulgada por Vanity Fair a propósito de la existencia de un hijo secreto del dramaturgo, con síndrome de Down y excluido de la sucesión testamentaria, rebotó en la prensa del mundo entero, desquebrajando la mítica figura del héroe estadunidense.

Pero Miller había muerto un par de años antes, el 10 de febrero de 2005, a los 89, aquejado de insuficiencia cardíaca, problemas respiratorios y cáncer de vejiga. Tal vez atormentado por las culpas, unos días antes de su fallecimiento tuvo un gesto único de cercanía con su hijo. Lo incluyó en su legado, a partes iguales con sus hermanos, incluidos los dos hijos de un matrimonio anterior con Mary Slattery. Solo que su nombre no figura en el testamento, sino en un fideicomiso.

A la muerte de Morath, al comienzo de 2002, Miller dio una entrevista a The New York Times para su célebre página de obituarios. Ahí dijo que solo había tenido una hija con la fotógrafa, Rebecca, actriz y cineasta, casada con el actor Daniel Day-Lewis.

Daniel Miller anda ahora por los 50. Ha hecho su vida a su modo. Y no lo ha hecho mal. Participó alguna vez en los Juegos Paralímpicos en esquí, atletismo y ciclismo y ha vivido solo desde hace tiempo, manteniéndose con sus propios medios.

Alguien cercano a la familia, posiblemente Day-Lewis, propició un encuentro inesperado entre Miller y su hijo en 1995, cuando el dramaturgo participaba en un acto público a favor de los discapacitados. Daniel caminó lentamente hasta donde el autor hablaba, llegó hasta donde estaba y le dio un amoroso abrazo. Miller se quedó atónito, pero correspondió al gesto con afecto enorme. Después, Miller y su hijo no volvieron a encontrarse.

Rebecca, la hermana de Daniel, cuatro años mayor, realizó un documental, Arthur Miller, escritor, en el que reconstruye la imagen de su padre con entrevistas, testimonios, fotografías y documentos poco conocidos. La película, que se exhibe en estos días a través de la cadena HBO, tal vez ayude un poco a devolver la dignidad a uno de los grandes de la literatura de nuestro tiempo.

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