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Lunes , 25.06.2018 / 12:30 Hoy

Sentido contrario

La vida en tiempos del ébola

Héctor Rivera

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Ahora que los medios nos han puesto de nuevo a las puertas del fin del mundo con un ataque masivo y permanente de entrevistas y reportajes sobre la inminencia de una devastadora epidemia de ébola, no puedo más que evocar las imágenes de Noé con un martillo y un manojo de clavos a la mano construyendo su arca para poner a salvo a su familia y a un montón de animalitos de todo tipo. Entiendo ahora claramente al gruñón Noé de Darren Aronofsky con cara de Russell Crowe, que transitó hace poco con cierto éxito por las pantallas de los cines mexicanos. No era un personaje bíblico en el más puro sentido de la literatura religiosa. Y no solo porque vestía gastados pantalones de mezclilla. No. Era en realidad un prepper de avanzada, uno de esos gringos obsesionados hasta el delirio con la inminencia de las horas finales de un mundo devastado por las consecuencias de un ataque nuclear, doblegado su estúpido orgullo por oleadas interminables de candentes vientos radioactivos. O por horrorosas epidemias incontrolables como la que nos presagian ahora, cuando nos hablan de protocolos de seguridad que nadie obedece en ninguna parte. O por un inminente ataque de hambrientas turbas de zombis o de feos extraterrestres. Lo que sea, pues, en la medida en que el temor es el mismo. Preppers les llaman a los noés de nuestros días agitados de odio y miedo. Escarban hasta con las uñas bajo los cimientos de sus casas, refuerzan los muros con placas de acero, atiborran los habitáculos que construyen con alimentos empacados y botellones de agua, pilas, medicamentos, y sobre todo armas de todos los calibres. Nada como la muerte para defender la vida. Ni un solo libro, por supuesto. Ni una Biblia. Se preparan para resistir ahí hasta que todo retoñe después de las desoladoras desgracias. Para volver a lo mismo después de todo.

En medio del vértigo que nos vislumbra en el corto plazo vagando por las calles desiertas, famélicos y agobiados por los retortijones, en busca de un remedio para enfrentar las embestidas del virus hemorrágico, alguien se ha empeñado en reflotar el proyecto del arquitecto ruso Alexander Remizou, una loquera concebida inteligentemente tres años atrás bajo los agobios de la paranoia galopante. Se trata del Ark Project, mejor conocido entre quienes se sienten señalados por el dedo de Dios como el Arca de Remizou, un enorme, hermoso y confortable refugio todoterreno de fácil y pronta construcción y de gran resistencia ante toda suerte de amenazas, incluidos los terremotos y las inundaciones, que cuenta además con sus propias fuentes de energía y de suministro de agua y oxígeno. Catorce mil metros cuadrados de madera, acero y plástico de alta resistencia para facilitarles la existencia a 10 mil sobrevivientes que en medio de cualquier desastre inevitable serían la esperanza de la humanidad.

Como en todo, la supervivencia también puede ajustarse a cualquier tipo de presupuesto, aun de cara a los recursos más estrechos. Mientras se dan vuelo con sus textos catastrofistas espantando más a quienes ya de por sí palidecen ante la más mínima diarrea, algunos medios muy acomedidos se presumen al servicio de la comunidad y publican en estos días de miedo muy detalladas instrucciones para ponerse a salvo ante las más extremas eventualidades. Algo así como el manual del prepper que debió tener a la mano Noé para construir su arca, una suerte de tratado de alta ingeniería casera al estilo de la vieja Mecánica popular. Es decir, hágalo usted mismo. Paso a paso indican cómo romper el piso de la casa o habilitar los sótanos, instalar el mobiliario y distribuir los alimentos y bebidas, y también qué tipo de armas incluir en el inventario del refugio salvador. Por supuesto, la idea es hacer del arca un búnker bien artillado. Entre sus pertinentes consideraciones advierten a sus lectores que si la epidemia de ébola no adquiere las dimensiones siniestras que algunos se empeñan en adivinar no importa: los refugios habrán de servir de cualquier modo para ponerse a salvo de los ataques nucleares, las invasiones alienígenas o las amenazas de zombis comecerebros. En el último de los casos serían útiles para alojar a una llorosa tía divorciada o para reubicar el hogar si un incendio llegara a consumir la casa. Si hace falta, algunos medios ofrecen asesorías y hasta consejos prácticos. Está claro que piensan en todo, y más en tiempos de miedo.

Por su parte el previsor Remizou también va a todas con su proyecto. En días sin miedo, su arca vanguardista puede ser empleada igualmente como descomunal hotel, conjunto habitacional o complejo de oficinas.

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