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Sábado , 18.08.2018 / 12:24 Hoy

Sentido contrario

La vida en Marte

Héctor Rivera

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Me pregunto por qué medio mundo tiene los ojos puestos en Marte. Pareciera que allá está el remedio para todos los males. Muchos están dispuestos a ir allá en busca de soluciones que estarían aquí también. En todo caso, quien llegue a establecerse en el planeta rojo llevará consigo todos sus fantasmas, todos los horrores que el hombre ha echado a andar por acá.

Dice el presidente Barack Obama que en 2030 Estados Unidos estará enviando allá una misión tripulada, financiada con fondos públicos y privados. Tal vez eso quiere decir que un astronauta se habrá de apresurar para poner ahí a la vista la bandera de su país, como hicieron en la Luna. Virtuales títulos de propiedad.

Obama habla con frecuencia de este tema. Un diario le contabilizó más o menos el número de ocasiones en que se ha referido a la conquista de Marte. Son siete más o menos en los últimos tiempos, incluyendo su reciente declaración en el sentido de que su gobierno está en tratos con empresas que puedan construir habitáculos prácticos, seguros y resistentes para quienes vayan a vivir por allá un tiempo más o menos prolongado. Y eso es lo que se sabe. Habrá que ver lo que se guarda.

Abandonar un planeta al que montones de gobiernos de todos los continentes se han dedicado a hacer picadillo de manera sistemática parece ya una urgencia extrema. Quienes saben del tema parecen angustiados, y el agua que han encontrado en Marte ayudó a reforzar las intenciones de salir huyendo en el más corto plazo que sea posible. Tal vez huelen un desastre que nosotros ni siquiera intuimos.

Pero llegar a Marte entero y con salud no parece cosa fácil, como acaba de quedar en claro con el fracaso de la misión Exomars de la Agencia Espacial Europea. El vehículo que enviaron orbitaría el planeta rojo a muy corta distancia y bajaría a su superficie un módulo que registraría datos e imágenes cruciales para la vida humana y los enviaría a las estaciones de monitoreo en la Tierra.

Quienes permanecieron atentos a las peripecias del lanzamiento celebraron su éxito y aguardaron los resultados inmediatos de la misión. Sin embargo, la información no llegó. Solo hubo un silencio sepulcral y malos presagios durante varios días. Hasta que se supo que el módulo se había estrellado. Tal vez hubo algunas lágrimas entre los involucrados en el proyecto. Un vehículo espacial de la NASA captó imágenes del aparato destruido y del sitio donde cayó a gran velocidad. No quedó duda alguna: la aventura había fracasado por segunda vez, 13 años después de un fallido intento británico.

Las expediciones fracasadas han convertido al planeta rojo en un cementerio en el que yacen incontables vestigios de la más alta tecnología, a tal grado que no falta quien encuentre una maldición en lo que algunos llaman el “Triángulo de Marte”. Los más afectados por los sucesivos desastres son los rusos, que han dedicado más tiempo y esfuerzo a la conquista de aquellas tierras prometidas. Desde su primer lanzamiento, en octubre de 1960, los resultados fueron desastrosos. Este y otros dos intentos, uno también en 1960 y otro en 1962, terminaron en el despegue. Una decena de proyectos semejantes, más o menos, tuvieron el mismo principio y también el mismo final.

Los estadunidenses han intentado llegar a Marte desde los años setenta con su proyecto Viking, pero se han quedado también con un palmo de narices después de una larga serie de fracasos. Los japoneses se sumaron desde 1998 a la carrera hacia este planeta, sin ningún resultado importante hasta la fecha, mientras que los esfuerzos de la Agencia Espacial Europea han servido básicamente para registrar con cierta precisión la localización y el grado de destrucción de sus aparatos caídos en este planeta.

Hasta ahora los intentos para llegar a Marte suman 45. Los más exitosos han conseguido dejar algún dispositivo electrónico funcionando en su superficie, aunque sea al mínimo de sus posibilidades. Lo poco que se sabe de las condiciones de vida allá es por la información que han enviado a las agencias espaciales. Pero la mayor parte de los lanzamientos han quedado en cacharros dando vueltas en el infinito.

Después de la experiencia más reciente con la Exomars, pareciera que las expectativas corren mucho más deprisa que las posibilidades tecnológicas para hacer realidad el sueño de las colonias marcianas. Muchos preparan maletas, fabrican habitáculos a prueba de las adversidades marcianas, apartan lugares en vuelos turísticos y habrá quien esté preparado para vender terrenos y condominios por allá, pero la verdad es que el 2030 de Obama parece aún muy lejano. Algo así como un dulce sueño con un amargo despertar.

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