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Lunes , 23.07.2018 / 11:35 Hoy

Sentido contrario

La vida en KIC 8462852

Héctor Rivera

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Parece que en estos días nadie está contento sobre el ladrillo que habita. Unos se mueren de ganas de largarse a vivir a otra parte, otros no dejan de animarlos, de ofrecerles opciones, ilusiones, fantasías. La vida en otros planetas es la solución para todas las desgracias, prometen discretamente muchos científicos, investigadores, académicos. Los medios también. Y tal vez todos tengan razón: vivir en un vecindario a millones de kilómetros de aquí parece ahora una posibilidad muy concreta. Vida nueva, vecinos nuevos. La felicidad a la mano a pesar de la lejanía.

Todos los días hay un hallazgo nuevo que avala esta posibilidad: hay agua y hielo en Plutón, en Saturno y también en Marte, y transportes capaces de llevarnos al infinito y más allá. Muchos se han apresurado ya para presentar sus diseños de habitáculos para vivir con comodidad en otros mundos, ropa para la ocasión, vehículos para turistear. No tardan en aparecer fraccionadores de terrenos, agentes de bienes raíces, prestamistas que faciliten los viajes a otros mundos, la compra de condominios, la urbanización de territorios que antes nos parecían inhabitables. Antes también amábamos más nuestro ladrillo: sus 15 centímetros nos parecían suficientes para cantar y bailar.

Ahora vivimos como esperando novedades alentadoras para saltar al cielo, para encontrarnos con caras nuevas, mientras escuchamos a los que más saben sobre la materia. Oleg Artemyev, el cosmonauta letón que vivió 169 días en el espacio a bordo de la Estación Espacial Internacional, aseguró hace poco que, según sus cálculos, en unos 30 años el hombre podría estar en la Luna o en Marte. Al mismo tiempo, los científicos especializados en la búsqueda de inteligencia extraterrestre están seguros de que muy pronto estaremos en contacto con seres de otros mundos. Algunos investigadores de la Universidad de Berkeley, en California, sostienen que este encuentro podría ocurrir con toda certeza en el curso de los próximos 20 años.

Con la más alta tecnología, estos investigadores tienen los ojos y los oídos pegados en el espacio desde hace años, atentos a cualquier mínima señal de vida. Una luminosidad, un sonido, una sombra, una vibración, una superficie modificada. Lo que sea. El telescopio espacial Kepler, de la NASA, ha sido una de sus herramientas más eficaces. Con su ayuda han descubierto unos mil 700 planetas habitables. Precisos y oportunos, los datos que les brinda este sofisticado instrumento alimentan todas las esperanzas de quienes ya no están a gusto en un planeta que se encamina a pasos apresurados rumbo a la destrucción.

Pero el asunto tiene sus bemoles. Hace unos días la revista estadunidense The Atlantic, que tiene mucho prestigio entre intelectuales y literatos, publicó un reporte que da cuenta de extraños movimientos registrados por el Kepler en la estrella identificada como KIC 8462852, ubicada entre las constelaciones Cygnus y Lyra. Se trata de variaciones inusuales en su luminosidad, que los científicos no han podido explicar.

Aun cuando la estrella misteriosa se encuentra a mil 480 años luz de la Tierra, el telescopio la ha estado vigilando desde 2009. Los especialistas a cargo de la operación del Kepler no han estado solos en esta tarea:
han contado con la ayuda de los estudiosos convocados por la Universidad de Yale mediante un programa que incorpora a los trabajos de investigación a los "ciudadanos científicos" que comparten sus intereses. Y lo que han hallado no tiene sentido aún. Puede tratarse de una superestructura no identificada gravitando alrededor de la estrella, acumulaciones descomunales de polvo, nubes de cometas o alguna falla en los sistemas de registro del aparato. Pero también podría tratarse de una construcción erigida por extraterrestres.

Los editores de The Atlantic han sido más o menos prudentes en el manejo de la información sobre el hallazgo aún sin descifrar; sin embargo, la noticia ha rebotado en algunos medios internacionales. El semanario francés L'Express, por ejemplo, no ha tenido ningún escrúpulo para anunciar hace unos días el descubrimiento de una civilización extraterrestre. Su interpretación de un hallazgo mínimo y todavía inexplicado responde, sin duda, a las necesidades urgentes de esa oleada de esperanza que arrastra a millones de individuos en todo el mundo a la búsqueda de condiciones de vida más armoniosas con la naturaleza y al encuentro con civilizaciones más inteligentes y bondadosas.

Habrá que entender, sin embargo, que para hallar otros mundos donde vivir con mejores vecinos hay que tener primero los pies bien puestos en la tierra.

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