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Lunes , 23.07.2018 / 05:11 Hoy

Sentido contrario

La boca del pez

Héctor Rivera

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Todos metemos la pata de vez en cuando. Algunos con indebida frecuencia. Pero hay quienes hacen de las tarugadas fecundo oficio de cotidiano ejercicio. Así nomás, tranquilamente y hasta con cierto deleite, muchas veces desde el fondo de su inconciencia. Hay que escuchar a los locutores de la televisión empeñados en el albur, la maledicencia, el doble sentido ofensivo. Mal hablando con expresiones indescifrables cuando narran eventos deportivos con fingida emoción. Ni qué decir de quienes se dirigen a la audiencia desde las estaciones radiales. Dan pena ajena. Lo malo es que esas habas se cuecen en todo el mundo.

Pero las mejores metidas de pata son aquellas que cometemos en privado, en soledad, sin testigos burlones. Las peores sin duda son las públicas, las que ocurren en los medios, sobre todo en la televisión y en la radio. Ahí las hay siempre y de gran tamaño.

En España, por ejemplo, hay una campeona en la materia, Mariló Montero, una estrella rutilante en la conducción de programas de televisión que se ven también en México. No hace mucho recordó en su espacio mañanero el primer aniversario de la muerte de la niña Asunta Basterra, cuyos padres comparecen ante la justicia, aparentemente involucrados en su asesinato. Daba lectura a una carta de duelo escrita por la afligida familia de la menor cuando de pronto preguntó quién era ese tal QEPD que firmaba la misiva. Hubo que explicarle a la conductora, que ya se había referido en una emisión anterior a la niña recién asesinada como un “cadáver blandito”, que no se trataba de una firma, sino de la expresión común “que en paz descanse”.

Algunos medios han hecho de sus torpezas prácticamente una sección cotidiana en la que detallan sus perlas. Han consignado de manera puntual cómo dijo alguna vez que el problema de las personas que no pueden pagar las rentas de su casa en medio de la crisis que agobia desde hace rato a España no se puede resolver dándoles dinero, “como a los negritos”, sino enseñándoles a labrar la tierra. Mariló ha expresado también dudas realmente de trascendencia, como cuando preguntó si la persona que recibía un trasplante recibía también una parte del alma del donante, ha hecho observaciones muy agudas en el sentido de que quienes más sufren la homofobia son los gays, las lesbianas, los bisexuales y los transexuales, y hace poco levantó polvo con una recomendación a su modo en el sentido de que el aroma del limón puede prevenir el cáncer.

Aunque parece imposible superar tanta metida de pata hay quien se empeña en el intento y lo peor es que casi lo logra. Se llama Jeremy Clarkson y es conductor de un programa de automovilismo para la BBC con 350 millones de espectadores, una cifra que describe con elocuencia la estatura intelectual de los británicos. Aquí supimos de sus soberanas estupideces hace poco, cuando describió a los mexicanos en su espacio televisivo como “perezosos, patanes, flatulentos con bigote, recostados en una valla medio dormidos, mirando un cactus, envueltos en una cobija con un agujero en medio”.

Tal malhumorado e irascible como barbaján y racista, este sujeto no limita sus comentarios ofensivos y provocadores a los foros televisivos y a las columnas periodísticas. Apenas en diciembre pasado fue echado de Argentina luego de pasearse en un auto de lujo adornado con leyendas que festejaban la derrota de los argentinos en la Guerra de las Malvinas contra los británicos a comienzos de los 80. Con 13 años al frente de su programa, Clarkson no ha perdido la oportunidad para dar rienda suelta a sus fobias y denostar a quien le viene en gana, en particular a las mujeres, los negros, los asiáticos, los orientales y los latinos, mientras es bendecido con el aplauso de sus 350 millones de televidentes.

Está claro que no tiene ningún control sobre su boca y que sus recursos como figura del espectáculo son muy limitados. Más allá de sus agresiones tiene muy poco que ofrecer. Jimmy Savile, uno de sus colegas en la BBC, tal vez más celebrado, resultó involucrado en más de 500 casos de abusos sexuales contra menores y ancianos, muchos de ellos ultrajados en hospitales. Actuaba protegido por las autoridades, fue distinguido como sir por la reina Isabel y utilizó con frecuencia las instalaciones de la televisora para realizar sus tropelías sexuales. Murió cuatro años atrás celebrado por los británicos.

Clarkson ha sido suspendido hace unos días de su programa a modo de castigo por enfrentar con violencia a uno de sus productores. Muchos quisieran verlo en la calle, pero miles de británicos están pidiendo su regreso. Lo admiran como admiraban a Savile.

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