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Miércoles , 19.09.2018 / 18:39 Hoy

Sentido contrario

Hablemos de sexo

Héctor Rivera

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Leí por ahí hace unos días la historia de una señora que en algún lugar de Gran Bretaña entró al quirófano para dar a luz y salió sin genitales. Cuando preguntó qué diablos le habían hecho, los médicos le explicaron que había sido sometida a un procedimiento de rutina: era intersexual y le habían asignado un sexo, que no era precisamente el suyo.

Me impresiona sobre todo la cantidad de individuos que andan por el mundo metiendo la mano en el sexo de los demás con cualquier pretexto. Médicos, hechiceros, señoras ignorantes. He sabido de niños mutilados prácticamente en sus primeras semanas de vida por una fallida circuncisión practicada por un médico ebrio, incapaz o malintencionado. O de niñas sometidas a la brutal infibulación tan común todavía hoy día. Hace poco la OMS dio a conocer un informe al respecto: alrededor de 200 millones de niñas y mujeres que viven actualmente en una treintena de países han sufrido la mutilación genital. La mayoría de ellas tiene 14 años o menos. En Somalia y Guinea prácticamente la población entera de mujeres ha sido sometida a la ablación del clítoris.

Para muchos la intersexualidad es una condición prácticamente desconocida. Tal vez ni el doctor David Reuben supo de ella mientras escribía su muy difundido volumen Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo, pero temía preguntar. Se dice que uno de cada 2 mil niños en el mundo, el 0.018 por ciento de la población, nace con este reto del tamaño del mundo. Así nació Gabriel. Tiene ahora 43 y ha vivido en guerra contra quienes no lo entienden. Cuando llegó al mundo en España no se sabía bien a bien qué era. Sus órganos genitales parecían más bien indefinidos. El médico que lo recibió decidió que sería niña. La llamaron Patricia y la vieron crecer con cierta normalidad. Pero una vez a las puertas de la adolescencia, a Patricia le comenzaron a aparecer vellosidades más bien masculinas en el rostro, cuando sus cercanos se preparaban para ver cómo se convertiría en una hermosa chica frondosa. Tenía los testículos en las ingles, sin escroto, y su pene era muy pequeño. A los 16, Patricia decidió que sería desde entonces Gabriel, aunque a algunos no les gustara la idea. Ha vivido con cierta tranquilidad y hasta conoce el gozo sexual como hombre. Pero será toda la vida un individuo intersexual. No obstante, en medio de la indiferencia familiar ante su drama íntimo, tuvo suerte: nadie se valió de unas tijeras o un bisturí para definir su destino.

Hace un par de años Gabriel relató a un diario español sus peripecias existenciales. El concepto de intersexualidad estaba entonces todavía más lejos del entendimiento de las mayorías. Hoy el tema parece ganar espacios en la comprensión de muchos. A la vanguardia, Alemania y Australia aceptan ya legalmente la situación de un tercer sexo para los bebés que nacen con una sexualidad no definida del todo. No son niños ni niñas, son intersexuales y tienen la libertad de optar por una identidad sexual definida cuando les venga en gana, les guste o no a los demás.

Esto no quiere decir que la vida de quienes nacen en esta circunstancia sea fácil del todo. Los diarios franceses han dado cuenta en estos últimos días de las batallas jurídicas de un individuo de 64 años que el verano del año pasado salió airoso de un tribunal que lo reconoció como un individuo de sexo neutro. Tuvo siempre una vagina sin definir y un pene pequeño. Ni él ni ella, según había militado desde siempre. Por primera vez, por lo menos en Europa, se le permitía legalmente a alguien quedarse así, a medio camino en su sexualidad. Su caso constituía una esperanza para muchos en la misma situación.

Pero resulta que hace unos días una corte de apelaciones echó para atrás su triunfo histórico cuando decidió que no, que tenía que elegir aunque no quisiera. Que tenía que ser hombre aunque tuviera un pasado de apariencia femenina. Para despojarlo del control de su identidad sexual, el tribunal esgrimió argumentos legales difíciles de rebatir: su apariencia y su comportamiento social son los de un hombre, está casado desde hace 20 años y tiene un hijo adoptado. En consecuencia, el Señor X, como lo han identificado los medios en Francia, tendrá que apechugar, porque el Código Civil francés, como en todo el mundo, no reconoce más identidades sexuales que las de masculino y femenino, y para los juristas la identidad sexual es un elemento necesario para la organización social y jurídica de la nación.

Como si no hubiera suficientes razones para andar peleando en la vida, los intersexuales tiene una adicional desde que nacen. Son o no son, y qué son.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa

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