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Jueves , 21.06.2018 / 05:57 Hoy

Sentido contrario

El hombre que amaba a las mujeres

Héctor Rivera

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El difunto presidente francés François Mitterrand tiene un extraño récord: se han escrito por lo menos 500 libros sobre su vida y sobre su gestión. Es una marca que habla mucho de su popularidad y también de su controvertida figura. Uno de los últimos volúmenes que se han publicado es François Mitterrand, del historiador Michel Winock, un estudioso de la vida política y cultural de Francia que puso su atención sobre todo en las ambigüedades políticas e ideológicas del mandatario socialista que viró de la derecha conservadora a la izquierda socialista y lanzó duras críticas al Estado para terminar dirigiendo los destinos de la nación en el curso de la gestión presidencial más prolongada en el país. El diario Le Monde dio cuenta en marzo pasado de la aparición del libro de Winock con la observación inevitable de que casi 20 años después de su muerte Mitterrand sigue siendo un personaje fascinante.

Mitterrand gobernó a los franceses durante 14 años en dos periodos, entre 1981 y 1995, y falleció en enero de 1996 a causa de un cáncer. Pero las controversias más agrias luego de su muerte pusieron en primer plano los amoríos secretos del presidente. Se confirmó entonces que el mandatario tenía una casa chica a unos pasos del Elíseo mientras mantenía su matrimonio con Danielle Mitterrand como una apariencia formal. La señora Mitterrand falleció en noviembre de 2011 al cabo de una vida de sufrimientos, no solo por las infidelidades del hombre que conoció antes de cumplir los 20 años mientras peleaban en las filas de la Resistencia durante la ocupación nazi de Francia. También sufrió intensamente por la muerte del primero de sus tres hijos, Pascal, con apenas dos meses de vida.

Tres meses atrás, un nuevo volumen sobre la vida del presidente que tenía una esposa, una amante y un montón de amoríos sacudió el ánimo de los franceses. Anne Pingeot, su amante "oficial", decidió romper su largo silencio y contó a Philip Short todas sus intimidades al lado de La Esfinge, sobrenombre con el que los franceses conocían a Mitterrand por su aplomo ante las adversidades. Corresponsal en Francia de la BBC, Short recogió las confesiones de Pingeot en el libro François Mitterrand, retrato de un ambiguo, que escandalizó a muchos. Anne, quien tenía 18, más o menos la misma edad que Danielle cuando conoció a Mitterrand, 27 años mayor, fue su amante durante 30 años y permaneció a su lado hasta el final. Sabía, pues, de lo que hablaba cuando relató en las páginas del libro que Mitterrand había recibido de su médico la eutanasia mediante una inyección letal, un procedimiento prohibido en Francia. En la madrugada comenzó a delirar, cuenta Anne. "Le dije que no se levantara, pero no me entendía". A las tres de la mañana decidió llamar a Jean-Pierre Tarot, el médico que había acordado un pacto con el ex mandatario: "Cuando mi cerebro se apague, acabe conmigo porque no quiero vivir así". El doctor Tarot llegó de inmediato. Examinó al agonizante paciente y le pidió luego a Anne abandonar la habitación. Una vez a solas le aplicó una inyección "para terminar las cosas".

La mujer que amó intensamente a Mitterrand reconoce que luego se sintió culpable por haberlo condenado, pero tomó la decisión animada por la voluntad del presidente de evadir la inconciencia. Mitterrand murió en brazos de Tarot. Al amanecer, Anne despertó a Mazarine, la hija secreta de ambos, para que le diera el último adiós a su padre. Lo lloraron las dos durante un par de horas, antes de hacer pública su partida. Poco después, Anne y Danielle lo despedían en el cementerio de Jarnac, un pequeño poblado en la costa atlántica que a veces ni siquiera aparece en los mapas de Francia.

Pero ahí no para el asunto. Está comenzando a circular en estos días François Mitterrand: días especiales, un libro escrito por Laure Adler, una periodista y escritora que fungió durante tres años como consejera del Elíseo en materia de cultura. Sin duda, sus páginas habrán de alimentar las controversias en torno al presidente, sobre todo cuando relata que a finales de julio de 1990, en el curso de un gira, el mandatario comenzó a sentirse mal. Con cierta urgencia, un helicóptero lo llevó de regreso a París.

El presidente se sabe enfermo de gravedad y busca el consuelo de Mazarine, pero su adorada hija secreta, que pasa por una crisis en su adolescencia, se niega al encuentro. Danielle lleva días desaparecida. Solo, condenado, tal vez en el curso de una aguda crisis depresiva, el hombre que amaba a las mujeres se sienta entonces a escribir una carta de renuncia. Una carta cuyo contenido nunca se dio a conocer.

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