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Lunes , 25.06.2018 / 03:37 Hoy

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Vándalos enamorados

Héctor Rivera

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Los turistas son una plaga ferozmente depredadora. También los enamorados y los románticos de todo tipo. Y más si se empeñan en dejar por ahí testimonios de sus pasiones. Si no que lo digan los parisinos, que llevan ya largo rato luchando a brazo partido contra quienes dejan en los puentes sobre el Sena candados que evocan la fortaleza de sus lazos afectivos. Por supuesto, como asumen que sus amores son a prueba de todo, ni se fijan en la destrucción que dejan a su paso. Los puentes elegidos sobreviven a duras penas al peso excesivo de los buenos recuerdos.

En vísperas del verano del año pasado, la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, respiró hondo y soltó en un suspiro nada romántico la decisión que largamente había meditado con sus cercanos. De manera irrevocable, prohibía a partir de mayo de 2015 colocar candados o cualquier dispositivo similar en los puentes de la ciudad. Ordenó al mismo tiempo que del Pont des Arts y el Pont Neuf fueran retiradas toneladas de amorosos herrajes para devolverles su aspecto original. No quiere que se repita el desastre que hace un par de años sacudió al Puente de las Artes, muy cerca del museo del Louvre, cuando parte de su enrejado se vino abajo, vencido por las 70 toneladas de candados que invadían su estructura. Para convencer a los románticos vándalos de la consistencia de su decisión, la funcionaria mandó cerrar con protecciones metálicas algunos pasos peatonales en los puentes. En Francia y muchos países lloraron por tal decisión, que causó escándalo y polémica.

Pero los puentes no lucieron aseados durante mucho tiempo. Apenas unos meses más tarde, los candados fueron regresando discretamente. El asunto se ha convertido entonces en un discreto forcejeo entre autoridades y enamorados. Diría la literatura que la riña la ganarían los románticos, pero el gobierno de la capital francesa tiene sus modos para hacer respetar sus decisiones. Y no son siempre malas las maneras. Las autoridades locales han colocado placas y cartelones en las inmediaciones de los puentes en los que se pide de buena manera a los visitantes que busquen otro modo para manifestar su amor. Pero también han dispuesto los dispositivos policiales necesarios, útiles también para ahuyentar a los vendedores de candados que ofrecen sus mercancías en las inmediaciones y alientan a los turistas para colocarlas en los puentes en nombre del amor. No obstante, nunca faltan los amantes que se las arreglan para dejar los recordatorios de su amor en los sitios prohibidos. Más prohibido, más pasión, dirán.

Pero París y sus monumentos no son las únicas víctimas de los turistas enamorados. El fenómeno de los candados cunde todo el tiempo en sitios significativos de otras ciudades. La batalla entre enamorados y autoridades se libra también en Salzburgo, Hamburgo, Colonia, Seúl, Salamanca y en Puerto Madero, entre otras localidades frecuentadas por el turismo masivo.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa

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