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Viernes , 22.06.2018 / 21:58 Hoy

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Polacos en guerra

Héctor Rivera

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Los de la guerra hitleriana y los que siguieron fueron duros años de infamia. Millones lo supieron derramando su sangre, con miedo y dolor. Pero hubo sufrimientos que no terminaron con la contienda. La infamia se pegó a la piel de algunos como una infección devastadora, mortal, sin sanación posible. Wilhelm Furtwängler arrastró, durante los pocos años de vida que le quedaron, la acusación de nazi militante tras dirigir a la Filarmónica de Berlín en presencia de Hitler en su cumpleaños. El fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson documentó lastimosamente los juicios callejeros y los humillantes castigos a quienes colaboraron con los nazis durante la ocupación de Francia.

Apenas terminada la contienda, Wladyslaw Szpilman se apresuró a publicar su libro de memorias Muerte de una ciudad, en el que relataba sus intensos sufrimientos para sobrevivir en el gueto de Varsovia. Las tribulaciones del músico polaco fueron recogidas por Román Polanski en su exitosa cinta El pianista. Szpilman no menciona en sus memorias su encuentro en aquellos días de difícil existencia con la cantante polaca Wiera Gran. Polanski tampoco lo incluye en su relato fílmico. Ninguno de los dos describe aquel momento en las horas difíciles, cuando Wiera le suplica su ayuda a Szpilman y recibe a cambio un comentario hostil: “escuché que colaborabas con la Gestapo”. Acosados por el hambre, ambos trabajaban en un cabaret al que acudían oficiales nazis, judíos colaboracionistas y polacos acomodados.

La historia la recoge la periodista y escritora polaca Ágata Tuszynska en su libro biográfico La cantante del gueto de Varsovia. Wiera Gran, la acusada, publicado hace poco más de tres años. Wiera murió en París a los 91, en los últimos meses de 2007. Psicológicamente devastada, vivió sus últimos años sola, encerrada en su apartamento, con un martillo bajo la almohada. Su cuerpo maltrecho fue a dar una tumba sin nombre en el parisino cementerio de Pantin.

Tuszynska reconstruyó la vida de Gran en este volumen, echando mano de entrevistas con la cantante y de todos los testimonios a su alcance. En alguno de sus párrafos se le revierte a Szpilman la acusación de colaboracionista. Se le culpa de haberse integrado a la policía nazi, que contaba con la participación de algunos judíos en el gueto de Varsovia. Pero apenas apareció el libro, el hijo del pianista puso el grito en el cielo y llevó el asunto a las cortes, que acaban de dar su veredicto: Tuszynska y su editorial deberán hacer públicas sus disculpas en los próximos días y eliminar en futuras ediciones del libro las líneas que ofenden a la familia de Szpilman.

Sometida a juicio después de la guerra, Wiera Gran nunca fue declarada culpable de colaborar con los nazis. Su recuerdo, sin embargo, quedó cubierto de lodo para siempre. Solo Tuszynska se empeñó en su defensa. Ahora lamenta la decisión judicial que empaña su esfuerzo, mientras la tumba de Wiera sigue sin nombre.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa

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