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Miércoles , 15.08.2018 / 14:40 Hoy

Atrevimientos

William Milberg y el debate de la economía frente a la crisis

Héctor Raúl Solís Gadea

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¿Cómo reaccionaron los economistas ante a la crisis mundial desatada en 2008 y cuyos efectos aún no terminan de hacerse sentir? ¿De qué manera han enfrentado el hecho de que la ciencia económica fue incapaz de predecir las complicaciones que se avecinaban? ¿Por qué Olivier Blanchard, profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts, escribió un mes antes del colapso de Lehman Brothers, en agosto de 2008, que la ciencia macroeconómica se encontraba en buen estado?

El fracaso para predecir la crisis dio pie a una serie de controversias que aún no concluyen. Se antoja irónico que después del triunfo del capitalismo sobre el socialismo aquel sufra de complicaciones inesperadas hasta para los propios especialistas en diagnosticar cotidianamente su salud.

En este caso, la enfermedad no sólo mina al paciente, sino que arrastra consigo el prestigio de la ciencia encargada de estudiarla: podrían colapsarse los principales paradigmas de investigación con los que trabaja la economía dominante en el mundo contemporáneo. Así lo manifestó el destacado macroeconomista Willem Buiter, un año después del colapso de 2008, cuando constató que la teoría económica prevaleciente fue incapaz de predecir la crisis, entenderla y diseñar sus soluciones. Las actuales teorías no sólo no contestaron las preguntas pertinentes, por ejemplo, para explicar la insolvencia y la falta de liquidez, sino que ni siquiera permitieron que se formularan. Esto significa, remata Buiter, que la economía “necesita un nuevo paradigma”.

No todos los economistas aceptan que para explicar su incapacidad de predicción de la actual crisis económica necesitan revisar los fundamentos de su disciplina. Unos piensan que pasó inadvertida porque los métodos matemáticos y lógicos con los que trabaja no estaban suficientemente desarrollados para medir adecuadamente el comportamiento de las variables económicas. Otros conceden un poco más y creen que deben poner más atención al sector financiero de la economía y su creciente influencia en la dinámica del capitalismo.

Pero algunos consideran que la economía requiere algo más que refinar sus técnicas de análisis: insisten que le hace falta revisar los propios presupuestos de los que parte. Por ejemplo, es necesario considerar que los individuos no toman sus decisiones económicas al margen de la influencia de la historia, las instituciones y la cultura; también hay que tomar en cuenta el grado de incertidumbre que existe en la vida social y que termina por ocasionar la irrupción de lo inesperado. Los agentes económicos no poseen un conocimiento completo del entorno en el que actúan y tampoco ajustan siempre su conducta a criterios razonables: pueden actuar contra toda lógica y con ello ocasionar consecuencias indeseadas desastrosas.

A lo largo de la historia se han presentado coyunturas críticas que provocaron la revisión de los paradigmas económicos al uso y las políticas públicas dominantes. La crisis de 1929, por ejemplo, con toda su estela de dificultades a lo largo y ancho del mundo, propició la revisión conceptual de la teoría económica que realizó John Maynard Keynes; su esfuerzo contribuyó a la reordenación del modo de funcionamiento de los mercados, las regulaciones del salario y la mayor intervención de los estados en la economía de las naciones. La crisis actual es de una profundidad equiparable a la del 29; por consiguiente, su comprensión y tratamiento debería implicar un gran esfuerzo de revisión teórica y un despliegue de creatividad similar.

De estos y otros asuntos relacionados hablará el profesor William Milberg, director de la New School for Social Research, de Nueva York, quien impartirá una conferencia en el Campus Belenes del Centro Universitario de Ciencias Sociales (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara, este jueves 18 de septiembre por la tarde (17:30 horas). Una de las características de la carrera de Milberg es que fue un colaborador importante de uno de los grandes historiadores del pensamiento económico, el profesor Robert Heilbroner. Milberg asume que la economía debe tomar en cuenta la manera en que la gente y los economistas experimentan la vida social y el vínculo inextricable entre el análisis económico y la ética.

Hace unos días pensaba que en el mundo de hoy ya no importan las ideas basadas en perspectivas éticas, y que éstas tampoco parecen influir en quienes toman las decisiones que impactan en la vida pública. Por todas partes parece imponerse el egoísmo y los intereses materiales. Esta impresión tiene mucho de verdad. Sin embargo, una mirada más profunda demuestra que muchos intelectuales, activistas, e incluso funcionarios, proponen y debaten ideas para hacerse cargo de la tarea de mejorar las cosas. Así me lo confirmó el ensayo de William Milberg llamado Methodenstreit 2013?, en la revista Forum for Social Economics. Debemos, pues, estar atentos a los debates.

raulso@hotmail.com

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