• Regístrate
Estás leyendo: El viejo orden dejará ganar a López Obrador
Comparte esta noticia
Domingo , 21.10.2018 / 01:42 Hoy

Atrevimientos

El viejo orden dejará ganar a López Obrador

Héctor Raúl Solís Gadea

Publicidad
Publicidad

Las noticias de los últimos días nos han apabullado: decenas de asesinatos y muertos dejados aquí y allá (se dice que hay una disputa de cárteles por la plaza de Guadalajara), feminicidios que no ceden, asaltos y robos a cualquier hora del día y en cualquier lugar de la ciudad y el estado...

Paréntesis: los rostros y las pancartas de los universitarios concentrados el pasado viernes en la explanada de la Rectoría General dejan ver a una juventud tapatía desalentada y preocupada. El feminicidio de la estudiante de Derecho Karina Monserrat González demuestra desalmadamente la vulnerabilidad de las jóvenes.

A nivel nacional, los datos revelan a 2017 como el año más violento desde el 97 en que se lleva este registro: se reconocen oficialmente 25, 339 muertos y del sexenio de Calderón para acá se han acumulado más de 200 mil. ¿Cómo no pensar en que nos azota una guerra que se disfraza porque no es convencional y carece de intentos de justificación ideológica o política? Esto sólo se puede negar desde el infantilismo o el cinismo.

Agreguémosle a este ruinoso panorama las tensiones entre los políticos que disputan la elección presidencial. Ricardo Anaya acusa a Peña Nieto y a Calderón: los amenaza con meterlos a la cárcel; José Antonio Meade hace lo propio para descalificar a Anaya; por su parte, la PGR vela armas para, en caso necesario, aplicar lo que proceda contra el candidato panista.

Entretanto, los analistas nos alarman con sus advertencias sobre la posibilidad de un magnicidio. Ninguno de los tres candidatos principales a la presidencia está a salvo. La crispación alimenta un rencor que nos inunda. Hay muchos botones de muestra: este año van más de 50 candidatos asesinados en el plano local. Las posibilidades de que surja un loco --con o sin complot, con o sin organización criminal detrás-- están allí para desazón de todos.

Esta deriva nos hace dudar de la “transición a la democracia” que permitió, en el año 2000, la llegada de un partido distinto al PRI a la presidencia de la República. No creó un orden diferente al heredado por los regímenes de la Revolución que trajera una estabilidad de nuevo tipo, un acuerdo nacional del que surgiera un modelo de funcionamiento económico más justo y una manera de gobernar con división de poderes, acotada por las leyes, y con un mayor sentido de representación de los intereses ciudadanos en las decisiones que les atañen.

Con la democracia electoral llegó el imperio del egoísmo político y el individualismo económico: la búsqueda sin límites de poder, el dinero y la influencia como la principal motivación de los actores públicos. Sin leyes capaces de hacerse cumplir y sin reglas morales que contrapesaran a la codicia, el campo quedó libre para el reinado de la avaricia, la corrupción y el uso sin recato de todo tipo de poder: político, económico, mediático, o, de plano, el que procura la posesión de armas y la disposición a cometer actos criminales.

El efecto indeseado de la “transición a la democracia” --por sus insuficiencias e incapacidades-- fue el debilitamiento del estado y sus instituciones, sus leyes, su moral, su sentido de compromiso con los valores y principios de la República, su responsabilidad con las causas de las mayorías de la población. Así, la democracia terminó provocando enormes déficits: de bienestar colectivo, de justicia, de desarrollo social, de crecimiento económico, de legalidad, de participación... y sobre todo, pequeño detalle, de armonía política y cohesión social.

El imperio del egoísmo y el individualismo, con su estela de corrupción asociada, ha terminado por derruirlo todo. Y ahora estamos a merced de un destino caprichoso, una incertidumbre que nos hace presagiar cualquier cosa.

Las pasiones están desbordadas. Lo único que podría contenerlas es un esfuerzo de serenidad, inteligencia y generosidad que lleve a la clase política a una reconciliación consigo misma y con los ciudadanos. Nos urge que las principales fuerzas políticas y empresariales reconozcan que necesitamos repensarlo todo, la transición, la democracia, el modelo económico, el sistema de gobierno, los compromisos morales con la nación, la necesidad de reconstruir el orden que sustenta a la República.

Por ahora no se atisba la posibilidad de un diálogo entre los candidatos, sino la exacerbación de la competencia por cualquier medio. La descalificación del contrincante, la guerra sucia, los amagos, los usos de la mercadotecnia, la posibilidad de una elección de estado...

En medio de todo, López Obrador ofrece una agenda en la que prevalece el regreso a un pasado supuestamente idílico, la reconstrucción de la capacidad del presidente para arbitrar las diferencias y acomodar los intereses de todo signo. Y detrás de ello, su esfuerzo por construir una alianza pragmática con el viejo orden que hará todo para no morir, incluso dejar ganar al tabasqueño.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.