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Martes , 14.08.2018 / 06:50 Hoy

Atrevimientos

Un encuentro con Carlos Fuentes (primera de dos partes)

Héctor Raúl Solís Gadea

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Este viernes asistí a un panel en la Brown University dedicado al tema La Frontera de Cristal: Diálogos México-Estados Unidos en el Siglo Veintiuno. Participaron, en este orden, Jorge Castañeda, Antonio Villaraigosa, Silvia Lemus y quien esto escribe. El nombre de la mesa alude a la novela en nueve cuentos publicada por Carlos Fuentes en 1995, y la intención fue conversar sobre la relación entre los dos países a partir de la mirada que allí se manifiesta.

En ésta y la próxima colaboración expondré lo que considero más relevante de lo que allí se dijo.

Según Castañeda, el problema fundamental es el escenario que viene después de Trump. Nada será igual. La imagen de nuestros país ha sido dañada y el sentimiento antimexicano es más fuerte que nunca. “No podemos hacer como si nada pasara, como si la bala simplemente pasó cerca y no nos tocó”. Con todo y que Trump perderá, “sí pasaron cosas”.

Este antimexicanismo, dijo Castañeda, no existía antes, o no daba la cara. Había ciertas islas de racismo, sí, pero hoy en muchos lugares de Estados Unidos se ha vuelto aceptable ser antimexicano, no antilatino en general, sino precisamente antimexicano: de México vienen los asesinos, los violadores, los traficantes de drogas... De ahí se sigue, lógicamente, la idea de ejecutar deportaciones masivas de mexicanos y construir un muro a lo largo de la frontera.

También se ha generado una tendencia a desacreditar el Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA), o por lo menos a enfatizar sus efectos negativos. Es parte de un ánimo de crítica contra el libre comercio y la globalización en general, que por cierto alcanza al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), el cual todavía no entra en vigor. Castañeda advierte que en el último debate presidencial, luego de los ataques de Trump al NAFTA, Hillary Clinton se mostró cautelosa. Y remata: “será muy difícil para ella defender el Acuerdo Transpacífico”.

De acuerdo con Castañeda, en vez de ir hacia atrás, hay que intensificar la relación entre los dos países. Necesitamos una reforma que les procure a los millones de indocumentados superar su condición irregular. Además, es preciso rediseñar el NAFTA de manera que los obreros de empresas norteamericanas radicadas en México tengan buenos salarios, y que la mano de obra estadounidense tampoco carezca de empleos.

Y el otro elemento clave de la relación entre ambas naciones es el avance en la legalización del uso recreativo de la marihuana, la cual el 8 de noviembre tendrá una prueba decisiva en California y otros cuatro estados. Si se aprueba, se dará un paso hacia la posibilidad de revertir la violencia asociada al narcotráfico y la entrada ilegal de armas a México.

Antonio Villaraigosa, ex alcalde de Los Ángeles, comenzó recordando su propia experiencia como migrante de tercera generación y los esfuerzos de su abuelo (de Guanajuato) por forjarle un porvenir. A pesar de que nació en los Estados Unidos, Villaraigosa vivió las consecuencias de los sentimientos antimexicanos. No aprendí español de niño, señaló, porque mi madre prefería hablarme en inglés para evitar que me enviaran a una escuela de menor calidad.

Padecemos una suerte de esquizofrenia: en Estados Unidos los hispanos somos ciudadanos de segunda categoría, pero tenemos una democracia que posibilita a un hombre como yo convertirse en representante popular. Antes, los trabajadores ganaban buenos salarios, pero eso ya no es así. Y una cosa importante: los migrantes mexicanos cometen mucho menos crímenes de lo que se hace creer, incluso menos que los norteamericanos.

Entre Estados Unidos y México no necesitamos un muro, sino puentes de entendimiento: que por la frontera transiten el capital y el trabajo, la educación y la cultura para que tengamos una mayor integración.

Según Villaraigosa, la presencia mexicana en Estados Unidos se va a imponer por la vía demográfica, y tarde o temprano muchos ciudadanos de ascendencia mexicana van a ser líderes en la política estadounidense. Villaraigosa enfatizó esto en una clara alusión a la necesidad de contrarrestar el carácter asimétrico de la relación entre la población mexicana y la blanca en su país. También señaló que Estados Unidos debe entender que allá se consumen las drogas y desde allí se mandan las armas a México. “Tenemos que hacer un mejor trabajo con respecto a esto”.

Pero del lado mexicano también hay asuntos que se deben atender. México insiste en la forma en que los Estados Unidos tratan a los migrantes mexicanos, pero no pone atención a lo que ocurre en su territorio con son los migrantes de Centroamérica. Y tenemos que reconocer que los políticos americanos, demócratas y republicanos, no están por la legalización de las drogas; entonces, debemos que aliviar la extrema pobreza en ambos países; si creamos más oportunidades la gente usará menos drogas. México necesita erradicar la extrema pobreza y no sólo la corrupción.

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