• Regístrate
Estás leyendo: "El Canelo" Álvarez y Julio César Chávez
Comparte esta noticia
Sábado , 22.09.2018 / 21:14 Hoy

Atrevimientos

"El Canelo" Álvarez y Julio César Chávez

Héctor Raúl Solís Gadea

Publicidad
Publicidad

El esfuerzo y la grandeza de algunos deportistas debe tomarse en serio. Es algo que provoca admiración. La pelea del Canelo Álvarez y Gennady Golovkin fue intensa y me hizo tomar en cuenta la dignidad de los atletas. Pensé, sin quitarle mérito al Canelo, en un boxeador importante: Julio César Chávez.

Tuve la fortuna de ver por televisión una pelea, para mí legendaria, cuando Julio César Chávez derrotó, literalmente en los últimos segundos, al portentoso Meldrick Taylor. Chávez estaba siendo vapuleado por el afroamericano y todo indicaba que iba a perder lo invicto. En el round número diez la situación estaba en su peor momento. En la recreación del combate, sin hacer mucho caso del orden sintáctico, Sony Alarcón dijo: “... en forma que nunca se había visto cómo le metían las manos a Julio César Chávez, ahora lo hace Meldrick Taylor como una ametralladora...”.

Sí. Taylor era una ametralladora de tirar golpes: combinaba los dos brazos a gran velocidad y Chávez apenas atinaba a esquivar los misiles recurriendo con maestría al juego de cintura. Pero otros no los esquivaba... Uno le desdibujó momentáneamente el rostro: “el uppercut venenoso con la mano derecha de Meldrick Taylor”, diría el cronista Alarcón, lastimó con furia el pómulo izquierdo de Chávez disparando por los aires el sudor de la cabeza del sinaloense.

Así llegaron al descanso previo al último round, el número doce. La esquina de Chávez era un volcán de emociones. “Julio está usté muy parado, échele corazón; pelee por su familia, ¿me entiende?, ¡vamos!, ¡vamos!, ¡ésta se nos ha puesto fea, pero vamos a ponerle los cojones ahí!, ¡tire lo que tenga!, tiene con qué; ¡tire lo que tenga!, ¡por el amor de Dios, Julio!, ¡tire lo que tenga coño!”. Otra voz, más tranquila y pausada, pero no menos angustiada, se mezcla con la anterior: “estamos perdiendo Julio, sí necesitas apretar ¿eh?, sí necesitas apretar, tú tienes con qué Julio”.

Tiempo después, Julio César comentó: “Recuerdo que Búfalo me dijo: ‘Julio todavía tienes con qué noquearlo, Julio hazlo, tú puedes’”. Las palabras hicieron efecto. Chávez continuo: “Realmente me concentré tanto en ese round, que ya para terminar el round lo alcancé con una derecha que lo puse mal y sentí que ya lo tenía, no lo dejé escapar, y lo agarré con un derechazo y lo tumbe”.

Yo miraba la televisión. Pocas veces he sentido esa clase de emoción deportiva, la empatía con un atleta que enfrenta una situación dramática y pone en juego toda la valentía, la inteligencia y la voluntad de la que es capaz para salir adelante. Si Chávez se hubiera tardado unos diez segundos más para noquear, hubiera perdido la pelea. Desde ese momento se consolidó mi respeto y admiración por él.

No he mencionado todo esto para decir que Saúl el Canelo Álvarez tiene la estatura de Chávez, pero encuentro significativo que me haya hecho recordar al de Culiacán.

No hay que regatearle el reconocimiento al de Juanacatlán. Estuvo en plan grande porque neutralizó sin marrullerías el poder de Gennady Golovkin, un invicto acostumbrado a ganar por nocaut. Lo enfrentó con dignidad, se arriesgó a meterse en la distancia corta y le conectó algunos golpes. El Canelo ha evolucionado, es rápido, potente, resistente y muy valiente. Tal vez los que saben de box me dirán que su esgrima deja qué desear y que, con todo y sus progresos, le falta brillantez y versatilidad.

Pero ahí está. Aunque no derrotó a Golovkin, tampoco fue vencido; cosechó un triunfo moral que lo pondrá en el circuito de los grandes. Falta ver si consolida su presencia entre ellos. Por lo pronto, ha demostrado que cumple un requisito esencial para el éxito: hambre de victoria y disciplina para ir tras ella.

El deporte es parte de la vida y cuando se practica con honestidad la representa en todo su dramatismo. El sábado el Canelo salió determinado a superar a su oponente. Ante todo, cree en sí mismo, condición que se puede perder en un momento de vacilación. Eso lo saben muy bien los seconds. Por eso las palabras de Búfalo, a Chávez: “tienes con qué”.

El Canelo, en fecha reciente, al declarar sobre su pelea con Julio César Chávez Jr., dijo algo que se puede interpretar de manera similar porque se relaciona con la dimensión emocional del deporte: el miedo no sirve.

Regresando a la pelea entre Chávez y Taylor, hay algo que llama mi atención en las palabras del sinaloense que he citado. Me refiero a la concentración que logró en el último round y que le permitió salir airoso. Quería ganar, tenía que ganar y el tiempo se terminaba. Pero poner la voluntad por delante no habría bastado para derrotar al oponente; faltaba la inteligencia, analizar la realidad de la pelea, estudiar las debilidades del rival y las circunstancias del momento, y luego lo esencial: buscar la oportunidad, el instante preciso para dar el golpe. “Realmente me concentré tanto en ese round...”.

La moraleja es el valor de combinar inteligencia (estudio), voluntad y disciplina.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.