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Lunes , 12.11.2018 / 23:36 Hoy

Economía empática

Un Quijote en el mercado

Héctor Farina Ojeda

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En algún lugar de sus innumerables historias e imaginarios, Don Quijote de la Mancha nos dio una lección económica que 400 años después no hemos terminado de entender: la riqueza que se obtiene fácilmente, fácilmente se va. Lo auguró entonces haciendo alusión a las riquezas generosas llevadas de América, pero podríamos encontrar muchos ejemplos en esta sociedad marcada por el mercado, el consumismo y la tentación perversa de obtener la máxima cantidad de recursos con el mínimo esfuerzo. Esa trampa de lo fácil en desmedro del trabajo y el justo reconocimiento al esfuerzo es una de las grandes responsables de que hoy los enemigos modernos sean la corrupción, la pobreza, la exclusión y la falta de entusiasmo para hacer las cosas bien. Imagino al Quijote en los tiempos económicos actuales: sería un visionario sin apoyo ni financiamiento, un emprendedor al que ahogarían con la burocracia y perseguirían con impuestos y mordidas, y posiblemente sus ideas serían tan buenas que merecerían irse al cajón de los archivos olvidados, al mismo tiempo que algún enojado funcionario intentaría encarcelar a Rocinante por falta de papeles. Como una metáfora de nuestros días, la imaginación, el sacrificio y las buenas intenciones chocarían contra el concreto de la indiferencia de un mercado en el que se prioriza a la riqueza por la riqueza misma, en un mundo que privilegia al capital financiero antes que al capital humano. Movido por ideales y por el afán de cambiar el mundo, Don Quijote sabía que las batallas por cosas importantes nunca son sencillas. Quizás por eso no comprendería cómo es que hay tanto dinero fácil, tantas riquezas vacías y tantos caminos torcidos que tientan a la gente a obtener cosas que no merece. Imagino su lanza en ristre contra los sistemas de privilegios que favorecen a los corruptos mientras excluyen a los que saben, a los que se esfuerzan y a los que que valoran la honestidad y el trabajo antes que el dinero. De la memoria de los agravios de su tiempo, nos cuestionaría sobre lo que hemos hecho mal para multiplicar los males, la pobreza, las injusticias y la miseria. En la era de la economía del conocimiento, de la creatividad y la innovación, más que nunca necesitamos la imaginación para enfrentar a los grandes molinos que no tienen nada de imaginarios. Necesitamos recuperar ese impulso del Quijote para construir con entusiasmo a pesar de las adversidades, para ponderar lo correcto por encima de lo fácil y combatir las injusticias del mercado con nuestra mejor herramienta: la capacidad de hacer. Cambiar un escenario en donde se premia al que hace trampa y se desincentiva al que estudia y se esfuerza no será una tarea menor. Necesitaremos mucha imaginación, muchas ideas y mucha convicción en cada una de nuestras acciones para generar oportunidades, minimizar injusticias y poder vivir sin tantos agravios, dolores y pesares. Es tiempo de quijotadas.

Twitter: @hfarinaojeda

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