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Sábado , 15.12.2018 / 15:30 Hoy

Economía empática

Turbulencia comercial

Héctor Farina Ojeda

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Como si la situación de incertidumbre y especulación no fuera suficiente, la imposición de aranceles a la importación de acero y aluminio por parte del gobierno de Donald Trump generó una turbulencia comercial que además de México, alcanzó a Canadá y los países de la Unión Europea. En un ambiente enrarecido por la medida proteccionista estadounidense, no se hicieron esperar las reacciones y a su vez se impusieron aranceles, al mismo tiempo que se busca la mediación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y se agudizan las voces de alerta sobre los efectos que podría tener una guerra comercial.

Se está renegociando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y las elecciones presidenciales ya están a la vuelta de la esquina. Hay un escenario en espera de definiciones, tanto internas como externas, para saber cómo sigue la economía. Y en este contexto de espera, la agitación por la abrupta imposición de aranceles sólo añade tensión a un mercado inquieto y nervioso. Como una de esas rarezas que en poco tiempo se han normalizado, se renegocia un acuerdo que busca eliminar barreras comerciales pero súbitamente se imponen barreras arancelarias, como si para negociar apertura comercial se tuviera que cerrar puertas. Y todo esto en el contexto de la dependencia mexicana con respecto al mercado estadounidense, el mismo que impone los aranceles nuevos.

Las medidas proteccionistas no favorecen en nada al comercio, sobre todo cuando son unilaterales y desatan reacciones en cadena porque todos buscan protegerse, compensar, responder o simplemente usar una restricción como una herramienta de negociación para otros acuerdos. Y en realidad no está en juego una cuestión arancelaria o de simples sobrecostos a la importación de determinados productos, sino la forma en la que puede reajustarse el comercio internacional a partir de medidas proteccionistas, nuevas alianzas y nuevas estrategias.

La turbulencia no es buena para México porque es generada desde el principal destino de sus exportaciones, del cual se depende en más del 80 por ciento, además de que le añade incertidumbre a una economía que necesita certezas para luchar contra sus grandes problemas. La dependencia de un solo mercado es un riesgo que se agudiza en forma acelerada, así como se aceleró la urgencia de conquistar nuevos destinos para las exportaciones y nuevas opciones comerciales que permitan redistribuir los riesgos y las oportunidades.

Aunque se auguren efectos limitados para la economía mexicana en esta nueva turbulencia comercial, lo cierto es que el periodo de incertidumbre puede extenderse y con ello todo se vuelve lento y pesado. Y esto no es nada bueno frente a la necesidad de lograr un crecimiento importante y sostenido, mejorar la calidad y la cantidad de los empleos, así como recuperar el poder adquisitivo de la gente e invertir en soluciones que minimicen la pobreza y la desigualdad. Ojalá que no nos envuelva la turbulencia porque hay otras crisis más urgentes que atender.

@hfarinaojeda

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