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Sábado , 23.06.2018 / 20:44 Hoy

Economía empática

Recuperar lo bien hecho

Héctor Farina Ojeda

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Hace unos días hacíamos referencia a la tan curiosa como penosa situación que se da en la economía mexicana, en donde se trabaja mucho, se paga poco y no se logra lo suficiente ni en la calidad de lo que se produce ni en la calidad de vida de los trabajadores. Estamos en un mercado que tiene los salarios más bajos de América Latina pero sus trabajadores laboran más horas que cualquier otro dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Detrás de estos datos paradójicos, hay una falta de productividad que deriva de numerosos factores que limitan el aprovechamiento de lo que sabemos y lo que podemos.

Como primer elemento a destacar tenemos que pintar el contexto, el escenario: estamos inmersos en un sistema de privilegios en el cual se valoran poco la formación profesional y la capacidad frente a factores que van en contra de la calidad, como el amiguismo, el nepotismo, el compadrazgo, el clientelismo político o cualquier otra forma de complicidad que lleve a darle privilegios a todo aquel cuyo único mérito es hacer algo torcido en favor de alguien igualmente torcido, en un sistema de corrupción, de transas y negociados. Es común ver encumbrados a los que no saben, los que no estudian ni se esfuerzan, en detrimento directo de los que tratan de tomar el camino correcto pese a las dificultades.

No estamos en una sociedad meritocrática ni justa, por lo que convivimos en un sistema de privilegios y exclusiones en donde -como en un darwinismo invertido- se adaptan mejor los ineptos. Cada vez que se privilegia a quien no lo merece por encima del que hizo las cosas bien, se desincentiva la formación de una economía competitiva, emprendedora e innovadora, pues en lugar de premiar al que se esfuerza, se lo excluye y se lo castiga. De ahí el desencanto de muchos jóvenes hacia la educación, la formación profesional o el emprendimiento, pues no conseguir buenos empleos y todavía vivir a merced de la explotación y los salarios de miseria frente a la opulencia de los corruptos, hace que se pierda el entusiasmo y que haya menos confianza en la capacidad de hacer de las personas.

Y como contracara de las muchas horas de trabajo, deberíamos pensar en las pocas horas de educación, en la utopía siempre invocada de los 200 días de clases, en los días perdidos y el poco aprovechamiento debido a la mala calidad educativa. Se invierte mal en la educación de los niños y jóvenes, pero luego se sorprenden cuando llegan al mercado laboral sin la suficiente preparación y terminan siendo explotados, poco productivos y mal pagados. La baja productividad de la que se aprovecha el mercado es el resultado del descuido en un momento estratégico.

Hay que revertir este orden de cosas dándole reconocimiento a quien lo merece y no a quien hace trampa. Hay que multiplicar lo destinado a ciencia y tecnología, al fomento a la innovación y el emprendimiento, y no sólo restar sino suprimir los privilegios corruptos. Hay que volver a lo justo y lo bien hecho.

@hfarinaojeda

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