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Domingo , 21.10.2018 / 19:16 Hoy

Economía empática

Reconstrucción económica

Héctor Farina Ojeda

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La tragedia ocasionada por el terremoto que afectó principalmente a la zona centro del país no sólo se llevó vidas sino que también representa un impacto económico importante. Además de los daños a la infraestructura y a las actividades de la producción, el comercio y los servicios, los expertos estiman que habrá un daño económico debido a las afectaciones en los estados golpeados por el sismo, que concentran más del 25 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país. De acuerdo con las estimaciones de Citibanamex, el impacto negativo en el crecimiento del tercer trimestre del año será de 0.35 por ciento, sobre la base de un repunte estimado del 2 por ciento.

El impacto del terremoto en el campo económico significa más que un eventual recorte en el pronóstico del crecimiento: se trata de personas que perdieron familiares, viviendas, empleos en algunos casos y que ahora se enfrentan a la incertidumbre de saber cómo le harán frente a la urgencia y a los costos de vida de la reconstrucción. En un contexto de marcada desigualdad, la capacidad de enfrentar la situación es también desigual: la precariedad y las limitaciones que afectan a las familias se profundizan con la contingencia. De ahí que los efectos sean más complicados de revertir en comunidades pobres -como en los estados del sur-, en donde la escasez de ingresos y empleos condiciona cualquier esfuerzo. No sólo estamos ante un escenario de la desigualdad y la precariedad, sino que la fuerza de la naturaleza exhibió el costo de la corrupción, las obras mal construidas, la negligencia, la imprevisión y la avaricia. En este estado de shock, una de las urgencias es pensar en una reconstrucción que vaya más allá de lo físico y que apunte a los cimientos de la misma economía: de la precariedad y la exclusión debemos pasar a una economía más incluyente y solidaria, con educación, salud y empleos para minimizar la brecha de la desigualdad.

Más que nunca debemos buscar las estrategias para dinamizar la economía desde dentro, de manera tal que las personas encuentren espacios para generar ingresos. Estamos en un momento de riesgo en el que si no se apoya como se debe a quienes necesitan, el costo puede ser de mayor desigualdad, más precariedad y más exclusión. A la asistencia focalizada debemos añadirle inversión en la gente en el corto, mediano y largo plazo, y facilitar las condiciones para que se pueda recuperar la economía mediante el apoyo a las iniciativas, los emprendimientos y los negocios familiares.

Se requiere de una economía solidaria, de los créditos accesibles y oportunos, del apoyo a los emprendimientos, de la confianza en las microempresas, de los incentivos fiscales y de las facilidades para vivienda o financiar un negocio. No bastará con apoyar momentáneamente sino que se requiere de un apoyo estructural. La iniciativa privada y el gobierno tienen el reto extraordinario de la reconstrucción económica. O pagarán las consecuencias.

@hfarinaojeda

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